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Document 52008DC0371

Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo y al Consejo - Quinto informe de situación sobre la cohesión económica y social - Las regiones crecen y Europa crece {SEC(2008) 2047 final}

/* COM/2008/0371 final */

52008DC0371

Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo y al Consejo - Quinto informe de situación sobre la cohesión económica y social - Las regiones crecen y Europa crece {SEC(2008) 2047 final} /* COM/2008/0371 final */


[pic] | COMISIÓN DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS |

Bruselas, 19.6.2008

COM(2008) 371 final

COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN AL PARLAMENTO EUROPEO Y AL CONSEJO

Quinto informe de situación sobre la cohesión económica y social - Las regiones crecen y Europa crece

{SEC(2008) 2047 final}

(presentada por la Comisión)

ÍNDICE

1. Introducción 3

2. Política de cohesión: estado del debate 4

2.1. Objetivos y prioridades 4

2.2. La gobernanza de la política de cohesión 6

2.3. Las próximas etapas 7

3. Convergencia, crecimiento y reestructuración económica entre regiones de la Unión Europea 8

3.1. Distribución regional de los sectores europeos de fuerte crecimiento 8

3.1.1. Regiones de convergencia 8

3.1.2. Regiones en transición 9

3.1.3. Regiones cubiertas por el objetivo de competitividad regional y empleo 9

3.2. La contribución a la convergencia de los sectores de fuerte crecimiento 10

3.3. La educación, las competencias y los trabajadores del conocimiento 11

3.4. Conclusiones 12

COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN

Quinto informe de situación sobre la cohesión económica y social - Las regiones crecen y Europa crece

INTRODUCCIÓN

En septiembre de 2007, la Comisión inició una consulta pública sobre los retos a los que deberá hacer frente la política de cohesión en los próximos años, con el fin de recoger ideas sobre las prioridades, la organización y la gobernanza de esta política.

La política de cohesión está consagrada en el artículo 158 del Tratado CE, que dispone que la Comunidad se propondrá promover un desarrollo armonioso y que, a tal efecto, desarrollará y proseguirá su acción encaminada a reforzar su cohesión económica y social. El Tratado de Lisboa, cuyo proceso de ratificación está actualmente en curso, adapta este texto haciendo referencia a la cohesión económica, social y territorial .

La consulta se inscribe en el marco más amplio de la actual revisión presupuestaria, a la cual contribuye, y ha estado acompañada de otros acontecimientos importantes, como la reunión informal de los ministros responsables de desarrollo regional, celebrada en las Azores los días 23 y 24 de noviembre de 2007, la conferencia de alto nivel organizada por la Presidencia eslovena en Maribor el 7 y 8 de abril de 2008 y los dictámenes aprobados por el Parlamento Europeo[1], el Comité de las Regiones[2] y el Comité Económico y Social europeo[3] relativos al Cuarto informe sobre la cohesión.

Otro acontecimiento importante en 2008 será la adopción por parte de la Comisión de un Libro Verde sobre cohesión territorial, cuyo objetivo principal es impulsar un amplio debate público sobre las consecuencias de la introducción en el Tratado del concepto de «cohesión territorial», en particular en el contexto de la política de cohesión.

En 2008, la Comisión adoptará también una Comunicación sobre la Agenda Social renovada. A partir de los resultados de una amplia consulta pública sobre la «realidad social» de Europa, la Comunicación indicará cómo puede responder Europa a la evolución de las realidades sociales y, en particular, de qué manera pueden utilizarse las políticas de la Unión para promover las oportunidades, el acceso y la solidaridad.

La primera parte de este informe presenta una síntesis de las contribuciones recibidas entre septiembre de 2007 y febrero de 2008. Esta primera fase del debate ayuda a definir los temas que deben tratarse y a orientar la reflexión, que la Comisión tendrá muy en cuenta en el contexto de la revisión presupuestaria.

La segunda parte del informe ofrece un análisis en profundidad de las principales tendencias regionales. El tema del presente informe de situación se centra en los sectores de crecimiento europeos, cuyos resultados en las regiones determinarán, en gran medida, el nivel de desarrollo económico regional en los próximos años.

POLÍTICA DE COHESIÓN: ESTADO DEL DEBATE

La Comisión recibió más de un centenar de contribuciones[4], principalmente de las partes interesadas relacionadas con la gestión de la política de cohesión, que representaban a más de la mitad de los Estados miembros (casi el 80 % de la población de la Unión Europea), un número significativo de autoridades regionales, la mayoría de las asociaciones regionales y locales, los interlocutores económicos y sociales, las organizaciones de la sociedad civil, las instituciones académicas y de investigación, y algunos ciudadanos.

La mayoría de las respuestas no constituyen posiciones definitivas, sobre todo en el caso de los gobiernos nacionales, lo que es lógico dada la fase poco avanzada de los debates y la reflexión más amplia sobre la revisión del presupuesto de la Unión.

La consulta pública confirma el vivo interés que sigue suscitando la política de cohesión. En efecto, la primera conclusión general que se desprende del debate es el reconocimiento por las partes interesadas del importante papel que desempeña esta política en la construcción de la Unión Europea y el apoyo a su continuación, quedando descartado casi unánimemente todo intento de renacionalización.

Numerosas contribuciones señalan que la política de cohesión orienta y promueve el crecimiento en Europa, fomenta inversiones que, de otro modo, no se habrían realizado, apoya la competitividad en las regiones más vulnerables, contribuye al progreso social y la solidaridad, mejora el capital físico, social y humano como motores de crecimiento, potencial de innovación, capacidad administrativa y modernización de la administración, impulsa una gestión estratégica y financiera plurianual, facilita la transferencia de conocimientos especializados y buenas prácticas entre las regiones y los Estados miembros y favorece una cultura de evaluación y control. Del mismo modo, la mayoría de las contribuciones valora la cultura de asociación que fomenta esta política. En consonancia con los resultados de una reciente encuesta Eurobarómetro[5], la consulta confirma que la política de cohesión contribuye a aumentar la visibilidad de la Unión Europea ante sus ciudadanos.

Objetivos y prioridades

Todas las contribuciones coinciden en que el principal objetivo de la política de cohesión es la reducción de las disparidades económicas y sociales entre los niveles de desarrollo de las regiones europeas. Por ello, las regiones más atrasadas deben permanecer en el centro de esta política. Sin embargo, la mayor parte de las contribuciones –al igual que el Parlamento Europeo– sostiene que la política de cohesión debería cubrir todo el territorio de la Unión Europea, puesto que no es un simple mecanismo de solidaridad, sino que aspira asimismo a promover el potencial de desarrollo endógeno de las regiones europeas.

La gran mayoría de las partes interesadas reconoce que la cooperación territorial es un elemento esencial de la política de cohesión y valora el hecho de que haya pasado a ser un objetivo de pleno derecho. Destaca que la cooperación territorial es uno de los mejores ejemplos del valor añadido de esta política y que, por este motivo, sería necesario reforzarla.

El Cuarto informe sobre la cohesión señaló una serie de desafíos a los que las regiones y los Estados miembros se enfrentan actualmente y a los que deberán enfrentarse cada vez más en el futuro, a saber, la globalización, la evolución demográfica y las tensiones sociales, el cambio climático y el aumento de los precios de la energía. Si bien se admite ampliamente que la política de cohesión debe abordar también estos problemas, la mayoría de las contribuciones advierte que esta política no puede ser el único ni el principal instrumento. Algunos consideran que estos desafíos ya se abordan a través de la aplicación de las Agendas de Lisboa y Gotemburgo. Otros recuerdan que el intento de solucionar estos problemas no debe hacerse en detrimento de los principales objetivos de la política de cohesión consagrados en el Tratado.

Algunas contribuciones instan a la Comisión a que complemente el PIB per cápita en estándar de poder adquisitivo (EPA) con otras medidas de bienestar y mejora del nivel de vida.

Por lo que se refiere al contenido de la política de cohesión, parece existir en esta fase un consenso sobre los siguientes temas transversales:

- La competitividad es el elemento central de la política de cohesión. Se apoya sin reservas el requisito de asignar una parte significativa de los recursos financieros a inversiones clave relacionadas con la Agenda renovada para el crecimiento y el empleo. En particular, la investigación, la innovación y la actualización de las competencias a fin de promover la economía del conocimiento, el desarrollo del capital humano a través de la educación y la formación, la capacidad de adaptación, el apoyo a las actividades económicas (sobre todo, pequeñas y medianas empresas), el refuerzo de la capacidad institucional y el desarrollo de una cultura empresarial se perciben como los grandes ámbitos en los que deben concentrarse las inversiones.

- Las políticas activas del mercado de trabajo son también un aspecto esencial de las acciones propuestas para estimular el empleo, reforzar la cohesión social y reducir el riesgo de pobreza. Un número elevado de contribuciones considera que la política de cohesión debería contribuir a la dimensión social de Europa mejorando las perspectivas de empleo de los grupos más vulnerables, como los jóvenes, las personas mayores, las personas discapacitadas, los inmigrantes y las minorías. Los interlocutores sociales y económicos y las organizaciones de la sociedad civil destacan el importante papel de la economía social en la creación de empleos de calidad, el fomento de la innovación, la contribución al desarrollo de las zonas rurales y la oferta de algunos servicios de interés general. Por otra parte, hacen hincapié en el hecho de que el desarrollo de las capacidades contribuye al respeto de los principios de buena gobernanza y asociación. Por último, algunas voces que representan a la sociedad civil defienden que la política de cohesión debería apoyar a los grupos con dificultades particulares para acceder al mercado de trabajo.

- El tercer tema transversal es el desarrollo sostenible. Numerosas contribuciones consideran que la política de cohesión debería orientarse más a la consecución de los objetivos de la Agenda de Gotemburgo. En particular, podría contribuir a reducir las emisiones de gas de efecto invernadero con políticas de atenuación destinadas a mejorar la eficacia energética y a promover el desarrollo de las energías renovables.

Además de los temas previamente mencionados, se ha prestado especial atención a las siguientes cuestiones.

La inclusión de la cohesión territorial en el Tratado de Lisboa se considera, en general, positiva. Sin embargo, en algunas contribuciones se recomienda a la Comisión que defina la cohesión territorial y sus indicadores con el fin de facilitar la comprensión del concepto. Paralelamente, varios gobiernos nacionales consideran que la cohesión territorial ya está integrada en la política de cohesión y que las dimensiones económica, social y territorial de la cohesión no pueden disociarse.

Los actores regionales y locales ven la cohesión territorial como una oportunidad para reforzar el papel de las autoridades regionales y locales, así como de otros actores que intervienen en la aplicación de la política de cohesión. En varias contribuciones se subraya el papel de las zonas urbanas y su interdependencia con las zonas rurales como dimensiones importantes de la cohesión económica, social y territorial. Las ciudades se consideran a menudo lugares de exclusión social y pobreza, caracterizados por un desarrollo poco uniforme. Los mecanismos que existen en favor de algunas regiones específicas, como las regiones ultraperiféricas o las regiones septentrionales con baja densidad de población, no se cuestionan.

Muchos confían también en que el concepto de cohesión territorial permitirá integrar mejor la dimensión territorial en la elaboración y aplicación de las políticas sectoriales europeas.

Por lo general, parece existir un consenso favorable a una mayor flexibilidad en el ámbito de la cooperación territorial, de modo que las regiones puedan cooperar con regiones distintas de las regiones vecinas o de las regiones que pertenecen a la misma zona geográfica. La cooperación con las regiones y los países vecinos de la Unión Europea también se considera esencial.

La gobernanza de la política de cohesión

La mayoría de los participantes en la consulta son partidarios de una reforma de la política de cohesión que tienda hacia un enfoque más estratégico.

Muchos mencionan el hecho de que la aplicación del programa acaba de comenzar y que no es posible hacer un balance exhaustivo hasta que no se disponga de los resultados de las evaluaciones.

Sin embargo, la gran mayoría de las partes interesadas aboga por una mayor claridad en la distribución de las responsabilidades entre los distintos niveles institucionales (Comisión, Estado miembro, regiones y otros agentes) y muchas, especialmente a nivel regional y local, consideran necesaria una mayor descentralización de las responsabilidades. Destacan, asimismo, la importancia de producir resultados a nivel local, sobre todo por lo que se refiere al Fondo Social Europeo (FSE). Las declaraciones de los interlocutores económicos y sociales y de la sociedad civil apuntan en esa misma dirección y hacen hincapié también en una definición más amplia del principio de asociación.

La simplificación constituye otro de los aspectos en los que insiste la mayoría de las contribuciones, que expresan cierta preocupación en cuanto al principio, recientemente introducido, de «un programa, un fondo», que podría dificultar la aplicación de la política de cohesión.

Son numerosas las quejas acerca de la carga administrativa y los requisitos de auditoría vinculados a la aplicación de la política de cohesión, ya que pueden desalentar a muchos beneficiarios potenciales y obstaculizar la ejecución de proyectos importantes a nivel local. Se pide a la Comisión que simplifique los procedimientos existentes, al menos para los programas de poca envergadura.

Otro asunto que se plantea con frecuencia se refiere a la coordinación entre el FEDER, el FSE y el Fondo de Cohesión. Algunas contribuciones abogan por su integración en un único fondo, en aras de una mayor coherencia del desarrollo estratégico.

Las opiniones parecen divididas en lo que respecta a la oportunidad de utilizar la política de cohesión como un instrumento de reacción rápida ante choques asimétricos o crisis importantes provocados por procesos de reestructuración. Mientras que algunos piden más flexibilidad, otros recuerdan que la política de cohesión es, en primer lugar y ante todo, una política estructural caracterizada por una planificación estratégica a medio y largo plazo.

Varias contribuciones hacen hincapié en el interés de examinar más a fondo otros medios de financiación además de las subvenciones, como pueden ser los préstamos bancarios, los microcréditos, los instrumentos de capital de riesgo o la asociación entre los sectores público y privado.

Una última cuestión importante que plantea la consulta es la coordinación entre la política de cohesión, otras políticas comunitarias y las políticas nacionales. Muchos consideran que las políticas sectoriales comunitarias deberían tener más en cuenta los aspectos regionales. Además, un número significativo de partes interesadas considera que es importante elaborar estrategias coherentes y coordinadas, principalmente entre la política de cohesión y el desarrollo rural.

La coordinación con las políticas nacionales también se considera esencial. Algunas partes interesadas piensan, por ejemplo, que debería reforzarse el principio de adicionalidad. Por otra parte, algunos interlocutores económicos y sociales creen que la política de cohesión debería seguir las Directrices Integradas para el Crecimiento y el Empleo y los Programas Nacionales de Reforma.

Las próximas etapas

El debate sobre la futura política de cohesión acaba de comenzar y proseguirá en los próximos años. Entre los numerosos acontecimientos que presidirán este debate, cabe mencionar la consulta pública en curso sobre la revisión del presupuesto, la consulta pública relativa al Libro Verde sobre la cohesión territorial, que la Comisión publicará en el otoño de 2008, y los eventos ministeriales y de alto nivel que se organizarán bajo las distintas Presidencias.

La Comisión informará de los progresos realizados en esta reflexión en la primavera de 2009, en su Sexto informe de situación sobre la cohesión económica y social.

A su debido tiempo, la Comisión presentará un informe sobre la revisión del presupuesto 2008-2009, en el que expondrá su visión general de la estructura y la orientación de las futuras prioridades de la Unión Europea en materia de gasto.

CONVERGENCIA, CRECIMIENTO Y REESTRUCTURACIÓN ECONÓMICA ENTRE REGIONES DE LA UNIÓN EUROPEA

En los últimos años, la convergencia entre las regiones europeas se ha mantenido a un buen nivel, con una notable reducción de las disparidades en el PIB per cápita, las tasas de empleo y, especialmente, las de desempleo. Esta tendencia se explica en gran medida por los progresos realizados en las regiones menos prósperas (véase la figura 1).

A efectos del análisis que figura a continuación, las regiones se han agrupado en tres categorías: Convergencia, Transición[6] y Competitividad Regional y Empleo (CRE), cada una con un perfil socioeconómico distinto.

Las regiones de convergencia presentan todavía un PIB per cápita bastante más bajo (58 % de la media de la Unión Europea), mientras que las regiones en transición se aproximan a la media de la UE. Entre 2000 y 2005, ambas categorías de regiones acortaron la diferencia que las separaba de la media europea en aproximadamente cinco puntos porcentuales (véase el cuadro 1 y la ficha relativa al PIB).

Las tasas de empleo no alcanzan el 58 % en las regiones de convergencia, frente al 68 % en las regiones CRE. Desde 2000, las regiones de convergencia no consiguen reducir esta diferencia. Por el contrario, las regiones en transición han reducido la diferencia y registran ahora una tasa de empleo del 63 %, aunque siguen estando muy por debajo de las regiones CRE (véase el cuadro 1). Las tasas de desempleo son todavía cuatro puntos porcentuales más elevadas en las regiones de convergencia que en las regiones CRE, si bien esta diferencia era casi dos veces más alta en 2000.

Distribución regional de los sectores europeos de fuerte crecimiento

En esta sección se examina la estructura sectorial de las economías regionales, centrándose en los sectores de crecimiento de la UE (véase el anexo). A nivel regional, se analizan tres sectores de crecimiento: 1) los servicios financieros y empresariales, 2) el comercio, los transportes y las comunicaciones y 3) la construcción. El sector de crecimiento que representa la industria manufacturera de alta y media tecnología forma parte del sector de la industria, por lo que no puede delimitarse fácilmente a nivel regional.

Los tres tipos de regiones difieren en cuanto a su estructura económica, tendencias de crecimiento y productividad. A título de ejemplo, la productividad en las regiones de convergencia es la mitad de la registrada en las regiones CRE, o incluso más baja (véase el cuadro 3), y el empleo disminuyó en las regiones de convergencia mientras que aumentó en las otras dos categorías de regiones.

Regiones de convergencia

Los tres sectores de crecimiento tienen menos peso en las regiones de convergencia, donde sólo representan el 40 % del empleo, frente al 50 % en las demás regiones. La proporción de servicios financieros y empresariales es especialmente baja. Sin embargo, el aumento del valor añadido bruto (VAB), y en particular del empleo, en este sector es mucho más importante que en otros sectores. El comercio, los transportes y las comunicaciones registran un fuerte crecimiento del empleo y del VAB, mientras que las tasas de crecimiento en la construcción son similares a las medias de la Unión Europea.

El sector de la industria es más importante en las regiones de convergencia que en las otras regiones y le corresponde el índice de crecimiento del VAB más elevado. El empleo en la industria ha disminuido, aunque menos que en las otras regiones. No obstante, la productividad industrial representa solamente un tercio de la registrada en las regiones CRE. El empleo en la industria manufacturera de alta y media tecnología aumentó un 1 % entre 2000 y 2005.

La agricultura sigue siendo un sector importante en las regiones de convergencia, representando más del 15 % del empleo, es decir, cinco veces más que en las regiones CRE, en un contexto de regresión del empleo en este sector y aumento de la productividad[7]. Esto significa que, a pesar del aumento sensible del empleo en los sectores de crecimiento, el empleo total se ha reducido en las regiones de convergencia.

Regiones en transición

Las regiones en transición presentan la misma proporción de empleo y de VAB en los tres sectores de crecimiento que las regiones CRE, pero la parte de los servicios financieros y empresariales es mucho más pequeña. Con índices de crecimiento anuales del 4 %, este sector registró un crecimiento más rápido que cualquier otro, aunque la diferencia sigue siendo importante.

Los otros dos sectores de crecimiento, es decir, el comercio, los transportes y las comunicaciones , así como la construcción , también registraron un crecimiento superior a la media. En las regiones en transición, la parte que corresponde sobre todo al sector de la construcción es mucho más importante que en las otras regiones. Esta situación se explica, en parte, por el fuerte crecimiento económico, el aumento de los ingresos y la necesidad permanente de modernizar algunas infraestructuras físicas. En algunas regiones, el desarrollo del sector de la construcción obedece, en parte, a la demanda de residencias secundarias y de alojamiento turístico. No obstante, el carácter sumamente cíclico de este sector hace a estas economías vulnerables.

La parte correspondiente a la industria es menos importante en las regiones en transición que en las otras dos categorías de regiones.

Regiones cubiertas por el objetivo de competitividad regional y empleo

En las regiones CRE, los servicios financieros y empresariales registraron el crecimiento más alto en cuanto a empleo y valor añadido bruto, lo que indica una especialización creciente. Los otros dos sectores de crecimiento presentan una proporción del VAB y del empleo más baja que en las otras dos regiones, con índices de crecimiento próximos a la media de la Unión.

En estas regiones, la parte de VAB creado por la industria es comparable a la de las regiones de convergencia, pero el empleo en este sector es claramente inferior, lo que refleja los resultados de una reorientación positiva hacia actividades de valor añadido más alto en este sector. El empleo en el sector industrial y en la industria manufacturera de alta y media tecnología ha disminuido.

Los gastos de investigación y desarrollo (I+D) en proporción del PIB son casi tres veces más elevados en las regiones CRE que en las regiones de convergencia. Sin embargo, la competencia en materia de innovación se globaliza, lo que obliga a la UE a competir con el resto del mundo. Las regiones CRE gastan el 2,1 % de su PIB en I+D, frente al 2,5 % en los Estados Unidos. Además, la parte del PIB dedicada a I+D en los Estados con mejores resultados de los Estados Unidos, que representan el 10 % de la población del país, es un 25% más elevada que en las regiones equivalentes de la Unión Europea.

Las regiones cubiertas por el objetivo de competitividad regional y empleo constituyen el mayor de los tres grupos y, por lo tanto, el más diversificado. Su estructura económica varía considerablemente. Algunas regiones están especializadas en los servicios financieros y empresariales, como Luxemburgo e Île de France, que crean al menos un 40 % de su VAB en este sector de servicios. Otras dependen ampliamente del sector del comercio, los transportes y las comunicaciones, como, por ejemplo, el Tirol, Praga y las Islas Baleares, que crean al menos un 30 % de su VAB en este sector. El resultado económico también varía. Entre 2000 y 2005, diecisiete regiones CRE registraron una disminución del empleo y veintidós presentaron un índice de crecimiento del PIB inferior al 0,5 %.

La contribución a la convergencia de los sectores de fuerte crecimiento

El análisis que precede pone de manifiesto que los sectores de crecimiento han contribuido significativamente a la convergencia tanto en las regiones de convergencia como en las regiones en transición, aunque de manera diferente.

En las regiones de convergencia, los tres sectores de crecimiento contribuyeron a la creación de un número considerable de puestos de trabajo, aunque esto no fue suficiente para compensar la importante pérdida de empleo en la agricultura. El aumento del valor añadido bruto también fue importante en los sectores de crecimiento, en particular en el sector de los servicios financieros y empresariales y en el del comercio, transportes y comunicaciones.

Sin embargo, el crecimiento del VAB fue más marcado en la industria, representando una parte sustancial y en progresión ascendente en este sector. Combinada con una proporción elevada de empleo, esta tendencia puede resultar peligrosa, teniendo en cuenta el declive experimentado por varios sectores industriales en la Unión Europea (véase la figura 2). En el sector industrial, la parte de empleo en la industria manufacturera de alta y media tecnología, sector en el que la Unión presenta la ventaja competitiva más importante, no representa más del 24 % en las regiones de convergencia, frente a casi el 40% en las regiones CRE. Desde 2000, las regiones de convergencia solamente consiguieron reducir esta diferencia en un punto porcentual.

Los datos nacionales ponen de manifiesto que en la mayoría de los Estados miembros el VAB aumenta más rápidamente en la industria de alta y media tecnología que en otros sectores de la industria manufacturera. Con todo, en algunos países, la tecnología media y alta sólo representa una escasa parte del VAB de la industria manufacturera, en particular, en Rumania, Bulgaria, los Estados Bálticos, Grecia y Portugal. Esta situación, junto con una baja productividad en el sector, podría debilitar a estos países frente a la creciente competencia mundial.

Las regiones en transición se están poniendo rápidamente al nivel de las regiones CRE gracias a los buenos resultados de los tres sectores de crecimiento, así como de la industria manufacturera de alta y media tecnología. Por consiguiente, la estructura económica de las regiones en transición se asemeja cada vez más a la de las regiones CRE.

La educación, las competencias y los trabajadores del conocimiento

Las competencias y las cualificaciones son determinantes fundamentales de la renta y de la capacidad de empleo de las personas, y contribuyen de manera sustancial a la productividad de la mano de obra. Indican también en qué medida se han reorientado las economías regionales hacia una explotación más intensiva del conocimiento. Sin embargo, la Unión Europea invierte solamente un 1,2 % de su PIB en la enseñanza superior frente al 2,9 % en los Estados Unidos.

La proporción de ciudadanos de 25 a 64 años con un nivel de educación superior es claramente menor en las regiones de convergencia que en las regiones CRE (17 % y 25 % respectivamente). Esta proporción ha aumentado de manera similar entre 2000 y 2006, con una progresión ligeramente superior en las regiones en transición hasta alcanzar hoy en día un nivel parecido al de las regiones CRE.

La parte correspondiente a los recursos humanos en el sector de la ciencia y la tecnología (núcleo RHCT)[8] también es más baja en las regiones de convergencia (12 %) que en las regiones CRE (17 %). Sin embargo, las regiones de convergencia han logrado reducir esta diferencia en un punto porcentual desde 2000. La utilización de un núcleo RHCT es particularmente elevada en los servicios con un uso intensivo de conocimientos, como la salud, la educación y la industria manufacturera de alta y media tecnología.

En 2006, la proporción total en las regiones de convergencia se situaba todavía diez puntos porcentuales por debajo de la registrada en las regiones CRE. Por otra parte, la proporción de trabajadores del conocimiento ha aumentando notablemente (3,4 puntos porcentuales entre 2000 y 2006), observándose la misma tendencia en las regiones de convergencia y en las regiones CRE.

La proporción de trabajadores del conocimiento[9] es especialmente importante en las regiones capitales y en otras grandes regiones metropolitanas que acogen las sedes de grandes empresas y servicios especializados. La parte de trabajadores del conocimiento tiende a seguir siendo escasa en Portugal, España, Grecia y Bulgaria, incluso en sus regiones capitales. No obstante, esta proporción se ha ampliado en numerosas regiones de España, Francia, Grecia, Austria y Eslovenia, lo que indica que la transición hacia una economía del conocimiento no es exclusiva de las grandes regiones metropolitanas.

Conclusiones

Este breve análisis pone de manifiesto que los sectores de crecimiento europeos han contribuido ampliamente a la convergencia. No obstante, subsisten importantes diferencias en la estructura económica de los tres grupos de regiones, y el modelo de progresión varía entre las regiones de convergencia y las regiones en transición, lo que tiene varias consecuencias desde un punto de vista estratégico.

Los esfuerzos destinados a promover los sectores europeos de fuerte crecimiento, es decir, los que registran un crecimiento del empleo o del VAB superior a la media, parecen justificados, no sólo porque se trata de los sectores con los que la economía europea puede contar para sus perspectivas globales de crecimiento, sino también porque pueden ser potentes motores del proceso de convergencia en la Unión Europea.

Por otra parte, el análisis muestra que las regiones de convergencia están sufriendo una profunda reestructuración económica. Se crea un número considerable de empleos en el sector de los servicios, mientras que la agricultura pierde cada vez más trabajadores. El crecimiento del VAB es significativo, en particular en la industria y los servicios, y el aumento de la productividad es tres veces superior al de las regiones CRE. Una reestructuración de esta índole requiere una respuesta política adaptada a sus circunstancias específicas.

Las regiones de convergencia deberían facilitar la transición del empleo hacia los servicios, en particular hacia sectores que no requieren niveles de educación altos, y proseguir la modernización del sector de la agricultura. Puesto que la industria es, y seguirá siendo, un sector importante en las regiones de convergencia, las políticas deberían facilitar una reorientación progresiva de la industria hacia actividades de fuerte productividad y gran valor añadido, con el fin de evitar una especialización en sectores industriales especialmente expuestos a la competencia internacional y que ofrecen pocas perspectivas de crecimiento.

Las regiones de convergencia deberían también desplegar los esfuerzos necesarios para mejorar el nivel de formación de sus trabajadores, ya que una reorientación hacia actividades con un valor añadido más elevado aumentará la demanda de este tipo de mano de obra. Esto influirá también en la rapidez con la que adopten nuevas tecnologías, y contribuirá a reducir las diferencias de productividad.

Por último, los altos niveles de productividad de las regiones CRE les dan una ventaja no sólo en Europa, sino también en el resto del mundo. Esta productividad alta se explica, en parte, por las grandes inversiones en investigación y desarrollo, claramente superiores a las realizadas en las regiones de convergencia. Sin embargo, para mantener esta ventaja global, dichas regiones deben poder competir con otros competidores mundiales, cuyas inversiones en I+D y en enseñanza superior son más elevadas. Esta situación pone de relieve la pertinencia de que la política de cohesión en las regiones CRE se oriente cada vez más hacia un aumento de las inversiones en innovación y capital humano.

[1] A6-9999/2008 [REF] adoptado el 21 de febrero de 2008.

[2] COTER IV-011 [REF] adoptado el 29 de noviembre de 2007.

[3] ECO/209 [REF] adoptado el 13 de diciembre de 2007.

[4] Véase http://ec.europa.eu/regional_policy/conferences/4thcohesionforum/all_contrib_es.cfm?nmenu=6

[5] Véase http://ec.europa.eu/public_opinion/flash/fl_234_en.pdf

[6] Las regiones de «inclusión gradual» ( phasing in ) y las regiones de «exclusión gradual» ( phasing out ) se han agrupado como «regiones en transición» dado que ambas categorías se benefician de un apoyo transitorio.

[7] Véase la Comunicación de la Comisión «El empleo en las zonas rurales», SEC(2006) 1772.

[8] Véase la definición en SEC(2008) [… ].

[9] Ídem.

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