91997E1998

PREGUNTA ESCRITA n. 1998/97 del Hiltrud BREYER a la Comisión. Hormonas de engorde

Diario Oficial n° C 045 de 10/02/1998 p. 0139


PREGUNTA ESCRITA E-1998/97 de Hiltrud Breyer (V) a la Comisión (9 de junio de 1997)

Asunto: Hormonas de engorde

1. ¿Qué hormonas de engorde están autorizadas en los Estados Unidos para cada tipo de animal (vacas, toros, bueyes, bovinos jóvenes, terneros o terneras)?

2. ¿Cómo, de qué forma, con qué frecuencia, en qué dosis y a qué edad del animal se administran estas distintas hormonas a los animales en cuestión?

3. ¿Cómo pueden los granjeros adquirir estar hormonas?

4. ¿Quién las administra?

5. ¿Qué funciones tiene el veterinario en relación con el engorde con hormonas?

6. ¿Quién controla la correcta utilización de las hormonas de engorde autorizadas en los Estados Unidos?

7. ¿Cómo se impide su utilización indebida?

8. ¿Qué medidas han adoptado los Estados Unidos para impedir la utilización de hormonas de engorde no autorizadas?

9. ¿Qué efectos tiene en concreto el tratamiento con las correspondientes hormonas de engorde sobre los organismos de los animales antes mencionados en lo que respecta a todas sus características morfológicas y fisiológicas? A ese respecto, deben tomarse especialmente en consideración las glándulas endocrinas.

10. ¿Sobre la base de qué trabajos científicos pueden demostrar los Estados Unidos que, como consecuencia del tratamiento con las distintas hormonas de engorde, no queda modificada negativamente ninguna de las numerosas sustancias que contiene la carne?

Respuesta de la Sra. Bonino en nombre de la Comisión (23 de julio de 1997)

1. En los Estados Unidos están autorizadas 6 hormonas de engorde que pueden utilizarse en los bovinos: el zeranol, la trembolona, el estradiol, la progesterona, la testosterona y el acetato de melengestrol. El zeranol está también autorizado en ovinos.

2. El acetato de melengestrol se administra a novillos de entre 12 y 24 meses dentro del pienso. Las otras hormonas se administran casi siempre combinadas, a bovinos y ovinos, mediante un implante inyectado bajo la piel de la oreja.

3. y 4. Estas hormonas pueden adquirirse libremente, sin prescripción veterinaria. Los granjeros pueden adquirirlas directamente o por correo, tras pedirlas por catálogo a los vendedores (almacenes de productos agrícolas, farmacias veterinarias).

5. En relación con el engorde con hormonas, al veterinario privado no se le atribuye ninguna actuación específica. Es el propio granjero el que mezcla el acetato de melegestrol en el pienso en el caso de que no haya sido preparado industrialmente, o el que inyecta bajo la oreja las hormonas de engorde; él es responsable de respetar las instrucciones de administración.

6. Por lo que sabe la Comisión, los veterinarios al servicio del Department of Agriculture o los agentes de la Food and Drug Administration (FDA) no ejercen ningún control especial sobre la utilización de hormonas de engorde en aquellos animales cuya carne se destina al mercado americano.

7. Según el «US national residue program» relativo al control de los residuos de las carnes producidas para el mercado americano o para la exportación a países extracomunitarios, desde hace algunos años no están previstos más que un muy pequeño número de análisis para verificar el buen empleo de las hormonas autorizadas.

Sin embargo, en el caso de las carnes exportadas a la Comunidad, los americanos han establecido un sistema que funciona bajo la responsabilidad de los ganaderos y cuyo objetivo es garantizar que estas carnes provengan de animales que no hayan sido tratados nunca con hormonas de engorde.

8. La Comisión ha sido informada de que en los Estados Unidos se han adoptado medidas legales para prohibir la utilización de hormonas no autorizadas. Podrán tomarse medidas administrativas y penales contra los que actúen fraudulentamente.

9. El efecto de los anabolizantes sobre la morfología de los animales depende de múltiples factores, como el sexo, la edad, la raza, la dosis administrada, la combinación de diferentes substancias y la alimentación. Por regla general, tienen un efecto positivo sobre el crecimiento y sobre la calcificación del esqueleto, y llevan aparejada una ganancia de peso más rápida que la de los animales no tratados.

El efecto fisiológico depende de la naturaleza de la substancia administrada (estrógeno, andrógeno o gestágeno) y del sexo del animal tratado. Es imposible resumir la diversidad y complejidad de su acción sobre la fisiología de los animales, en especial sobre las glándulas endocrinas. Si Su Señoría lo desea, la Comisión puede facilitarle documentación científica sobre el asunto.

10. La FDA estableció la normativa americana relativa a la autorización de la introducción en el mercado de las hormonas de engorde. La FDA se basó en la evaluación de los datos científicos que entonces le remitió, a título confidencial, la industria. La mayor parte de esos datos son bastante antiguos, tienen incluso más de 15 años.