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18.5.2010 |
ES |
Diario Oficial de la Unión Europea |
C 128/41 |
Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre el tema «La dimensión exterior de la Estrategia de Lisboa renovada»
(Dictamen de iniciativa)
(2010/C 128/08)
Ponente General: Luca JAHIER
El 26 de febrero de 2009, de conformidad con el apartado 2 del artículo 29 de su Reglamento Interno, el Comité Económico y Social Europeo decidió elaborar un dictamen de iniciativa sobre el tema:
«La dimensión exterior de la Estrategia de Lisboa renovada».
El Comité Económico y Social Europeo encargó a la Sección Especializada de Unión Económica y Monetaria y Cohesión Económica y Social (Observatorio de la Estrategia de Lisboa) la preparación de los trabajos del Comité en este asunto.
Dada la urgencia de los trabajos, en su 457o Pleno de los días 4 y 5 de noviembre de 2009 (sesión del 4 de noviembre), el Comité Económico y Social Europeo ha nombrado Ponente General a Luca JAHIER y ha aprobado por 177 votos a favor, 1 en contra y 7 abstenciones el presente Dictamen.
1. Conclusiones y recomendaciones
1.1. La Estrategia de Lisboa para el crecimiento y el empleo está siendo objeto de una revisión determinante para los próximos diez años, que incluye también una reflexión sobre su dimensión exterior.
1.2. Europa prospera sobre todo gracias a su apertura al resto del mundo. Se trata de ventajas económicas, pero también de beneficios derivados del intercambio de cultura y conocimientos y del reconocimiento mundial de los valores europeos. Es el primer exportador e importador de bienes y servicios, la segunda fuente y el segundo destinatario en el mundo de inversiones directas extranjeras y el primer donante mundial de ayuda; posee la segunda moneda internacional en orden de importancia. Por consiguiente, redunda en su propio interés geoestratégico que la UE desarrolle un programa propio de política exterior, capaz de promover y proteger los intereses de sus 500 millones de habitantes, pero también de asumir sus propias responsabilidades a la hora de hacer frente a los problemas mundiales y contribuir a la definición de normas elevadas para el gobierno de la globalización.
1.3. Alcanzar un acuerdo multilateral ambicioso, equilibrado y equitativo, encaminado a obtener una liberalización más amplia del comercio y la apertura progresiva de los mercados dentro de un marco regulado han sido prioridades importantes de la última década. En particular, la iniciativa «Una Europa global» de 2007 se vinculó explícitamente a la Estrategia de Lisboa.
1.4. Los retos que plantean la aparición de nuevas potencias mundiales y la crisis financiera y económica internacional ponen de manifiesto de manera más clara el nuevo carácter geopolítico de la globalización y, por ende, la necesidad de que Europa se dote de una estrategia exterior renovada y general, más coherente y eficaz. Europa necesita una nueva visión de su papel en la escena mundial, en la que asuma, por un lado, los aspectos geoestratégicos de su propia posición histórica y geográfica, de la seguridad del suministro de materias primas y energía y del desarrollo de nuevos mercados que en la actualidad disponen todavía de poco poder adquisitivo y, por otro, su propia capacidad para contribuir a hacer frente a problemas mundiales como la seguridad, el cambio climático, la pobreza y las migraciones internacionales, al tiempo que desarrolla los valores contrastados de su economía social de mercado, que, por otra parte, se examinan con gran interés en todo el mundo.
1.5. Para que sea el adecuado, un plan de acción comunitario debería incluir entre sus objetivos la creación y el desarrollo del espacio y el papel de Europa en el nuevo escenario de la globalización mediante:
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el desarrollo de las políticas exteriores de la UE y los aspectos exteriores de las demás políticas comunitarias, de acuerdo con una lógica estructural, el refuerzo de su coherencia global y una mayor unidad de acción entre los Estados miembros, |
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la garantía de una apertura equilibrada de los mercados, mediante la conclusión de la Ronda de Doha y un diálogo estructurado con sus socios privilegiados, |
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la consolidación de su papel como potencia normativa internacional y la aplicación de una política internacional basada en la promoción de los derechos, |
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el refuerzo de la dimensión internacional del euro, |
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la fijación del objetivo de construir una zona amplia de desarrollo y crecimiento económico privilegiado, que podría denominarse «EurÁfrica: una alianza para el progreso mutuo», en el que se incluya una terminación rápida de la ampliación de la Unión, la política de vecindad, la Unión para el Mediterráneo y una asociación reforzada con África. |
1.6. El perfil y la coherencia de este plan de acción de la UE se reforzarían si se desarrollara progresivamente en un contexto de política exterior más amplio, tal como tiene previsto la Unión.
1.7. Con objeto de poder desarrollar mejor y lograr un amplio consenso político en torno a esta perspectiva tan ambiciosa y resuelta de su propia estrategia exterior, la UE necesita reforzar sin ambages el papel de los interlocutores sociales y de la sociedad civil organizada, tanto en las sociedades europeas como en los terceros países.
1.8. El CESE dispone de todos los instrumentos para desempeñar un papel cada vez más importante en la consolidación y el desarrollo de sistemas participativos de seguimiento y participación activa de las sociedades civiles de prácticamente todas las regiones del mundo. Este aspecto es, por otra parte, un rasgo distintivo del modelo social europeo, que goza de gran estimación en todo el mundo.
2. Introducción
2.1. Europa constituye en la actualidad la primera potencia económica internacional, un mercado integrado de 500 millones de habitantes, una potencia comercial sin parangón y que posee con el euro la segunda moneda internacional. Para la UE, la creación de una perspectiva futura de beneficio mutuo para todos los protagonistas en el sistema de relaciones internacionales no implica únicamente asumir las responsabilidades que se derivan de su peso específico, sino también garantizar la salvaguarda de sus intereses exteriores –económicos y geoestratégicos– vitales para el éxito de su propio modelo, que es el más abierto del mundo y con las normas sociales y medioambientales más elevadas.
2.2. Por consiguiente, para garantizar un crecimiento duradero, un empleo de calidad y un desarrollo sostenible −objetivos de la Estrategia de Lisboa−, es cada vez más necesario que la UE refuerce su propio programa de política exterior.
2.3. Tras la Agenda de Lisboa de 2000 y su revisión en 2005, fue necesario esperar hasta 2007 para que se introdujera la cuestión de la dimensión exterior. En las conclusiones del Consejo Europeo de primavera de 2008, se puede leer la siguiente declaración: «Por consiguiente, la UE debería proseguir su empeño por modelar la globalización reforzando la dimensión exterior de la Estrategia de Lisboa renovada» (1).
2.4. En estas conclusiones se destacaban los siguientes ámbitos prioritarios:
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promover el libre comercio y la transparencia […], y seguir tomando la iniciativa en este ámbito; |
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mejorar el sistema de comercio multilateral, en particular manteniendo los esfuerzos para lograr un acuerdo ambicioso, equilibrado y global en la Ronda Doha para el Desarrollo; |
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celebrar acuerdos bilaterales ambiciosos con socios comerciales importantes e intensificar aún más los esfuerzos de integración con países candidatos y países vecinos mediante el desarrollo de un espacio económico común; |
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garantizar el acceso fiable a la energía y a las materias primas estratégicas; |
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reforzar las relaciones económicas existentes y desarrollar asociaciones estratégicas mutuamente beneficiosas con las nuevas potencias económicas mundiales en un contexto de competencia leal; |
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propiciar la cooperación reguladora, la convergencia de normas y la equivalencia de reglas, […], y mejorar la eficacia del sistema de aplicación de los derechos de propiedad intelectual e industrial contra la falsificación. |
2.5. Para terminar, el reciente debate sobre los instrumentos de la acción exterior de la UE prevé lo siguiente (2):
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un enfoque más amplio de la acción exterior de la UE, que combine la PESC, el comercio y las políticas de cooperación con la proyección externa de las políticas internas de la UE (3), |
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una nueva generación de programas europeos de cooperación y desarrollo, basados en el «consenso europeo» (4) y en la Asociación UE-África de noviembre de 2007 (5), |
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un nuevo enfoque en materia de políticas comerciales, que haga hincapié también en el valor de las negociaciones bilaterales y regionales. |
3. Una dimensión exterior que ya existe …
3.1. Una de las grandes prioridades del último decenio consistió en alcanzar un acuerdo multilateral ambicioso, equilibrado y equitativo, encaminado a obtener una liberalización más amplia del comercio y la apertura progresiva de los mercados a fin de ampliar el ámbito de competencia de las empresas europeas y crear de este modo nuevas oportunidades de crecimiento y desarrollo.
3.2. Se admite que la Organización Mundial del Comercio (OMC) es la piedra angular de la expansión de los intercambios en un sistema regulado y en un marco multilateral. El Programa de Doha para el Desarrollo ha sido una prioridad importante de la Comisión.
3.3. Las dificultades encontradas en el marco de las negociaciones de la Ronda de Doha y, en particular, su paralización en julio de 2006 han llevado a la UE a revisar a fondo, con el acuerdo del Consejo en abril de 2007, la Comunicación de la Comisión «Una Europa global: competir en el mundo. Una contribución a la Estrategia de crecimiento y empleo de la UE» (6).
3.4. El planteamiento propuesto, vinculado a la Estrategia de Lisboa renovada de 2005, reitera y refuerza el objetivo general de una política comercial exterior cada vez más global e integrada, destinada tanto a atraer nuevas inversiones y asociaciones como a garantizar una mayor apertura de los mercados en todo el mundo. Además del instrumento clásico y prioritario de las negociaciones multilaterales, se prevé una nueva generación de acuerdos bilaterales y regionales (7), y se sigue aspirando a la supresión de los obstáculos no arancelarios y reglamentarios, así como a una convergencia progresiva y sustancial de la normativa.
3.5. En una Comunicación de diciembre de 2008 sobre los aspectos exteriores de la Estrategia de Lisboa (8), la Comisión ha reiterado finalmente el objetivo de concluir las negociaciones comerciales multilaterales, favorecer la cooperación en materia de normativa y la asociación mediante el acceso a los mercados.
3.6. El CESE expresó su opinión a este respecto en dos dictámenes (9), destacando en particular los siguientes elementos:
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la conclusión de la Ronda de Doha sigue siendo la prioridad estratégica en cuyo marco los acuerdos bilaterales pueden aportar un valor añadido; |
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es necesario prestar más atención a las repercusiones de la apertura de los mercados para las distintas regiones y poblaciones y, por lo tanto, conceder una mayor importancia a la justicia social y a la promoción del trabajo digno; |
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la inclusión, también en el marco bilateral, de otros aspectos cada vez más pertinentes en el escenario internacional, como el medio ambiente, la energía, la cultura, la emigración y la gobernanza mundial. |
4. … pero que, no obstante, sigue siendo en gran medida insuficiente
4.1. Nuevos retos
4.1.1. La UE debe hacer frente a nuevos retos:
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la competencia creciente de los países emergentes y el crecimiento de las potencias mundiales asiáticas, |
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el cambio climático y la energía, |
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los efectos para la UE y sus vecinos de la ampliación de la Unión a 27 Estados miembros, |
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la vuelta de la crisis alimentaria, |
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la percepción del creciente carácter geopolítico de la globalización, que en la actualidad supera claramente la dimensión económica, |
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el estallido de la crisis financiera y económica internacional. |
4.1.2. Estos retos ponen de manifiesto la necesidad de que la UE se dote de una estrategia exterior más coherente y eficaz, a fin de salvar la brecha cada vez más amplia entre su peso económico y su influencia –que sigue siendo demasiado reducida– sobre las dinámicas complejas y universales de la globalización, al tiempo que debe defender sus propios intereses y el espacio de afirmación de sus propios valores.
4.1.3. Las consecuencias de la crisis financiera y económica mundial se dejarán, sin duda alguna, sentir mucho después de 2010. El peso de la cuestión internacional y la manera de contribuir a su reorientación serán parámetros decisivos en cualquier estrategia futura de crecimiento y empleo para cualquier región del mundo. La posición en que las distintas regiones se situarán en este proceso será determinante para el futuro de cada una y del conjunto. Esta observación concierne de forma muy especial a Europa, ya que es la zona económica más abierta del mundo y, por consiguiente, más dependiente que las otras de las importaciones y exportaciones.
4.1.4. La propia crisis actual hace que haya quedado definitivamente caduco el postulado de una división internacional de trabajo, cuyo objetivo era reservar a los principales países emergentes las producciones básicas o manufacturadas y una competencia basada en los costes, dejando exclusivamente en manos de los países europeos y los demás principales países desarrollados las actividades de alto valor añadido, basadas sobre todo en la investigación, la innovación, los servicios y la mano de obra cualificada.
4.1.5. Los recientes cambios económicos que están produciéndose en los países BRIC (Brasil, Rusia, la India y China) –el aumento del número de patentes, la importancia de la inversión extranjera directa (IDE) de origen europeo y el crecimiento de la IDE hacia la UE procedente de países emergentes y el afianzamiento de los fondos soberanos, provenientes todos ellos de países que no pertenecen a la OCDE–, son indicios de transformaciones profundas en la estructura de la economía mundial a los que Europa deberá reaccionar adecuadamente.
4.1.6. Por último, el reciente desarrollo en otras zonas del mundo de plataformas centradas también en la estrategia de innovación y conocimiento indica que las vías de salida de la crisis económica podrían dar lugar a un escenario futuro mucho mejor articulado y basado en bloques regionales caracterizados por un elevado grado de integración y una mayor competitividad entre ellos, en cuyo interior podrían aparecer nuevas formas de división del trabajo y desequilibrios económicos y sociales.
4.2. Un reto innovador y ambicioso
4.2.1. La UE ha demostrado en reiteradas ocasiones que estaba en condiciones, con medios pacíficos y recurriendo al consenso negociado, de ejercer su influencia en un contexto internacional en el que operan protagonistas cada vez más diversificados, consiguiendo algunas veces contribuir de manera decisiva al bienestar de amplias partes del mundo (véase, por ejemplo, la cooperación que desde hace tres décadas desarrolla con los países ACP y su propia política de ampliación).
4.2.2. Además, la UE ha contribuido a construir un marco muy estructurado de acuerdos regionales, sectoriales y de cooperación global. Tal ha sido el caso, en el pasado, del marco de negociación en la OMC y lo mismo sucede hoy en día en el contexto del nuevo proceso en curso en el G8/14 y en el G-20, encaminado a redefinir un marco más estricto de normas e instrumentos en el ámbito de las finanzas internacionales, incluido el papel del FMI y del Banco Mundial.
4.2.3. El marco de reflexión sobre la dimensión exterior, que tuvo en primer lugar como referencia la política comercial y más tarde los retos energéticos y climáticos, se amplía a ámbitos cada vez más extensos, como las políticas migratorias y las dimensiones de la globalización en materia social (Fondo de Ajuste y normas fundamentales del trabajo), medioambiental (protocolo de Kioto, pero también la economía sostenible), industrial (propiedad intelectual, pero también los fondos soberanos), política (ampliación de la UE y políticas de vecindad) y diplomática. Baste pensar también en el papel del euro, en la repercusión de la PESC y la PESD en el refuerzo del papel internacional de la UE, o en la posible integración en la estrategia europea de seguridad de la cuestión de los bienes e intereses estratégicos para Europa, como hacen ya otras potencias económicas mundiales.
4.2.4. Las observaciones que preceden indican muy claramente que es cada vez menos posible incluir todas estas dimensiones en la Estrategia de Lisboa, so pena de desvirtuarla.
4.2.5. No obstante, estos elementos resultan cada vez más determinantes para garantizar que se alcanza plenamente el objetivo para el que la propia Estrategia nació, es decir, elaborar la respuesta europea a las dinámicas de la globalización.
4.2.6. Por otro lado, una gran parte de estas políticas exteriores de la UE se basa esencialmente en prácticas consolidadas y caracterizadas por un elevado grado de integración, ya se trate de políticas comunitarias o de políticas compartidas por la Unión y los Estados miembros. Quizá éstas no estén aún lo suficientemente coordinadas entre sí o siguen careciendo de una visión estratégica general de conjunto, pero siempre pueden evolucionar y ejercer una influencia nada desdeñable y, en cualquier caso, superior en toda regla al de cada uno de los Estados miembros y al de muchas otras políticas internas de la propia Unión.
4.3. Hacia una estrategia exterior renovada de la Unión Europea
4.3.1. Por lo tanto, sería más apropiado hablar de una «componente externa de una estrategia europea para la globalización después de 2010», que debería coordinarse estrechamente e integrarse en la componente interna que constituye la evolución de la actual Estrategia de Lisboa para el crecimiento y el empleo, pero reforzada en su autonomía y dotada de una nueva finalidad estratégica más vinculante (10).
4.3.2. Europa necesita una nueva visión de su papel en el escenario mundial y un plan de acción adecuado, que esté a la altura de los retos del siglo XXI y se base en el sistema de valores propio de la UE, a fin de que pueda comunicarse y ser comprendido por los ciudadanos y las partes interesadas europeas, debatido con los principales interlocutores mundiales y presentado en los foros internacionales.
4.3.3. Esta visión, centrada en una perspectiva de progreso y de empleo de calidad, que responda a una lógica de desarrollo sostenible y que esté en condiciones de promover sociedades inclusivas, economías abiertas y relaciones pacíficas, debe también incluir una estrategia global y a largo plazo. La UE debe tener aún más en cuenta los aspectos geoestratégicos de su propia posición histórica y geográfica, la indispensable seguridad del suministro de materias primas y energía (11) y el desarrollo ineludible de nuevos mercados, que en la actualidad disponen todavía de poco poder adquisitivo.
4.3.4. Por otra parte, una contribución pertinente al desarrollo de esta visión procede del documento –breve pero eficaz– que la Comisión elaboró para la cumbre de Hampton Court de octubre de 2007 titulado «El interés europeo: Triunfar en la era de la mundialización» (12). Ese mismo año, el CESE también se había manifestado en el mismo sentido (13).
4.3.5. La Estrategia de Lisboa renovada para después de 2010 debería apoyarse con una nueva organización más estratégica de la acción exterior de la Unión, encaminada a crear y desarrollar el espacio y el papel de Europa en el nuevo escenario de la globalización.
4.3.6. Para lograrlo, a la vez que se refuerza y amplía la línea de conducta que se apuntó en las Conclusiones del Consejo de marzo de 2008, es necesario elaborar un plan de acción preciso y estructurado en torno a cuatro niveles de sinergia, coherentes entre ellos, con el objetivo de:
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garantizar una apertura equilibrada de los mercados y el desarrollo de los intercambios internacionales de bienes y servicios, velando al mismo tiempo por hacer seguro y sostenible el acceso de Europa a los recursos que le resultan de importancia estratégica, |
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reforzar el diálogo económico con todos los socios principales, en el marco de un enfoque multilateral, y consolidar el papel del euro en el ámbito internacional, |
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proponer a la UE como «potencia normativa internacional“, promotora de una mejora de las normas en los ámbitos de la industria y el medio ambiente, en materia social y también en lo que respecta a las condiciones del trabajo” digno», los contratos públicos y la propiedad intelectual, contribuyendo a la definición de nuevas normas para los mercados financieros y la gobernanza de la economía internacional tanto a nivel multilateral como regional, |
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reactivar las tres principales políticas de desarrollo exterior de la UE, lo que equivale a concluir el proceso de ampliación, la política de vecindad y la Unión para el Mediterráneo, así como la nueva asociación con África en el marco de los acuerdos ACP, comprometiéndose en la construcción de un extenso espacio de desarrollo privilegiado que fomente un crecimiento económico de ambas partes, al que se ha denominado ya EurÁfrica (14) y en el que la Unión Europea debería fijarse el objetivo de desempeñar un papel geoestratégico principal. |
4.3.7. La importancia que se propone dar a la dimensión exterior es la señal de que la UE quiere entrar en una nueva fase política en su propio proceso de unificación, centrada en el desarrollo de su sistema de relaciones con el resto del mundo, del que extraerá una energía renovada y recursos que garanticen una realización más acabada del modelo europeo de economía social de mercado, asegurando así a su población un futuro de progreso en paz. Se trata, de alguna manera, de hacer realidad las premisas inherentes a la intuición que constituye la base del proceso de fundación de la Unión Europea, en el que, desde la declaración Schuman hasta el preámbulo del Tratado de Roma, los dos aspectos del proyecto europeo –interno y externo– estaban intrínsecamente vinculados y se enriquecían mutuamente.
5. Algunas propuestas más específicas
5.1. Políticas generales más coherentes y proactivas
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La acción de la UE encaminada a reformar el sistema multilateral y mejorar las normas de base de la globalización requiere un proceso doble de coherencia entre las políticas internas y externas de la UE y de coordinación claramente reforzada con los Estados miembros. |
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La promoción de la regulación social, la negociación entre los interlocutores sociales y los sistemas universales de protección social deben constituir un eje central de las políticas de desarrollo y los mandatos de negociación de la Unión Europea. |
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Convendría integrar en las prioridades de la acción exterior de la Unión Europea el fomento de la educación y la formación, las normas fundamentales del trabajo, el desarrollo de la protección social, la igualdad entre los hombres y las mujeres y la integración de los grupos más desfavorecidos (minusválidos, minorías étnicas, etc.). |
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La UE debe distinguirse por el respeto de los compromisos suscritos. Este imperativo vale, en particular, para el objetivo del 0,7 % del PIB que debe destinarse a la ayuda al desarrollo y para su vocación –que reitera incesantemente– de poner al servicio de otras naciones y regiones los resultados e instrumentos de su progreso. Es decisivo alcanzar un compromiso específico para revitalizar la asociación África-Unión Europea. |
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Un aumento sensible de los recursos e inversiones con destino a los países en desarrollo, en el contexto del futuro acuerdo de Copenhague de diciembre de 2009, puede representar una ocasión extraordinaria de desarrollo y progreso de todas las partes. La nueva Estrategia de Lisboa podrá así ofrecer las condiciones de investigación, innovación, inversión y conocimiento adecuadas para permitir impulsar un nuevo«crecimiento verde»a escala mundial. |
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Es necesario un nivel más elevado de seguimiento y transparencia en las negociaciones comerciales, así como un refuerzo de la participación de la sociedad civil en este sistema de relaciones y negociaciones externas. |
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La UE debe promover la integración regional y seguir siendo un ejemplo atractivo para otras partes. Las macrorregiones son una realidad que no deja de extenderse y profundizarse, y Europa puede y debe también desempeñar un papel importante en el desarrollo de la cooperación intrarregional, que, además de la liberalización del comercio, debe incluir la cooperación al desarrollo, el diálogo político y la cooperación cultural. |
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Habida cuenta del reto que plantea la seguridad alimentaria, desde la perspectiva de la plena realización del derecho humano fundamental a una alimentación sana, segura, adecuada y sostenible (15), es conveniente revisar los mandatos de negociación actuales, reconociendo la especificidad de los productos agrícolas y previendo medidas de salvaguardia que tengan en cuenta las asimetrías de las condiciones de producción y de los mercados respectivos, a fin de imprimir un nuevo impulso a la conclusión de los principales acuerdos comerciales sobre otras materias, empezando por los acuerdos de asociación económica. |
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Habida cuenta del criterio de«potencial comercial», que vincula el índice de crecimiento de cada región con la dimensión de sus mercados respectivos, es conveniente, junto con los acuerdos regionales con los países ACP, proseguir y reanudar la celebración de acuerdos bilaterales y regionales con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), Corea, India, Rusia, Mercosur y los países del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo (CCEAG). |
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Debe definirse una prioridad específica para China en razón de los importantes intereses ofensivos y defensivos de la UE, que ofrecen márgenes de negociación significativos, el aumento constante de las interacciones recíprocas o en nombre de una lógica geopolítica global. |
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Es importante también prestar más atención a las relaciones bilaterales con los Estados Unidos, Japón y Canadá, que ocupan, respectivamente, el primer, tercer y octavo lugar en la lista de potencias comerciales. Es necesario reactivar el marco de las relaciones transatlánticas, a fin de reducir los elementos de fricción y optimizar los efectos de sinergia mediante una convergencia creciente de las instituciones y las políticas (16). |
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Habida cuenta de la posible extensión de la zona cubierta por la Unión Económica y Monetaria en los próximos años, el euro podría tener que desempeñar un papel más importante como divisa fuerte y moneda de referencia mundial, evolución que requerirá inevitablemente un refuerzo de las modalidades de representación unitaria en las organizaciones económicas y financieras internacionales. |
5.2. Más instrumentos de gobernanza y para las políticas sectoriales
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Es importante también integrar la dimensión exterior de políticas como la investigación, el medio ambiente, la educación y el empleo en el marco de un enfoque más extenso de la acción exterior de la UE. |
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En el contexto actual, sería necesario poder definir más claramente un grupo limitado de comisarios europeos que estaría encargado claramente de dirigir el conjunto de las políticas exteriores de la UE (comercio, desarrollo, migración, aspectos externos de las políticas de competencia y del mercado interior, diplomacia energética, etc.) y que podría dar a la UE un rostro mucho más unitario y colectivo en el exterior y en los principales foros internacionales. Una rápida entrada en vigor del Tratado de Lisboa y el nuevo papel del Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común podrán garantizar una evolución favorable para el futuro. |
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En espera de que se concrete la perspectiva de una representación única de la UE en las principales instituciones internacionales (Bretton Woods, G8/14 y G-20), los Estados miembros de la UE deberían constituir grupos más coherentes dentro de las distintas instituciones o en las cumbres de alto nivel, a fin de coordinar sistemáticamente las posiciones respectivas y hablar con un sola voz lo más frecuentemente posible. |
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Es urgente que la UE se presente en el exterior con misiones comerciales comunes, de manera que se refuerce la presencia estratégica europea en su conjunto, en particular en las relaciones con sus principales socios comerciales. |
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La UE debe reforzar su apoyo al proceso de internacionalización de sus empresas, en particular en lo que se refiere a su capacidad para establecerse en los distintos mercados y adaptarse a los contextos y las dinámicas de los distintos mercados. |
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La UE debe esforzarse al máximo para que la OMC incluya entre sus propios objetivos los derechos de los trabajadores, el desarrollo industrial, la creación de empleos dignos y la dimensión medioambiental. Del mismo modo, es necesario que las instituciones financieras internacionales concedan prioridad a la promoción del trabajo digno y al desarrollo sostenible. |
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De acuerdo con el concepto europeo de la responsabilidad social de las empresas, debe instarse a las empresas multinacionales europeas para que promuevan el diálogo social en las empresas y los sectores de los diferentes países extranjeros en los que operan. Hay que dar más valor a las buenas prácticas ya aplicadas por numerosas empresas europeas sobre la base de los «principios rectores» adoptados en la OCDE y basados en las normas sociales de la OIT, así como a las demás iniciativas lanzadas por un conjunto más extenso de protagonistas no estatales y de la economía social en el ámbito de la formación, la salud y la promoción de mejores condiciones de vida y trabajo. |
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La UE debe elaborar políticas migratorias proactivas y globales que faciliten el codesarrollo entre los países de origen y los países de acogida de los emigrantes, centrándose en particular en la lucha contra la trata de seres humanos, la fuga de cerebros y las remesas de los inmigrantes, que constituyen hoy un flujo financiero de importancia indiscutible (17). |
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El papel creciente de los fondos soberanos en la economía mundial y la importancia determinante del Estado en las economías emergentes de las que proceden estos fondos constituyen, sin duda, una gran oportunidad para las principales economías desarrolladas, así como para la recuperación de la economía internacional, pero entrañan también un riesgo geopolítico de pérdida de soberanía en sectores y tecnologías estratégicos para la UE. Es importante que la UE defina sobre este tema una posición propia y coordinada, que tenga en cuenta los compromisos y las disposiciones de los Tratados en vigor, pero también postulados más precisos y consensuados en materia de defensa del interés nacional, que debe, cada vez más, concebirse como «interés europeo». |
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Es necesario dar relieve a las competencias específicas del Instituto Europeo de Tecnología en el marco de las distintas asociaciones, en particular en lo que se refiere a la posible extensión a países extracomunitarios de las colaboraciones llevadas a cabo en las «comunidades del conocimiento y la innovación» (redes de excelencia entre institutos de enseñanza superior, institutos de investigación, empresas y otras partes interesadas). |
5.3. Mayor participación de los interlocutores sociales y las organizaciones de la sociedad civil
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Es necesario favorecer por todos los medios la búsqueda y elaboración de estrategias comunes de la sociedad civil europea para afrontar los retos y las oportunidades que se derivan de la globalización, en concertación con los principales socios económicos y sociales de la UE. Una mayor valorización de los consejos económicos y sociales nacionales y organizaciones similares, así como de las principales redes y organizaciones europeas de interlocutores sociales, de la sociedad civil organizada y de la economía social, puede favorecer un proceso más general de responsabilización y el desarrollo de buenas prácticas. |
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La UE debe favorecer el mayor grado posible de participación y diálogo con los interlocutores sociales y la sociedad civil de los terceros países, a fin de reforzar la visibilidad y la coherencia de las políticas de la UE en materia de comercio, desarrollo y relaciones exteriores en general. Se trata, en particular, de establecer sistemas de diálogo estructurado y permanente con las organizaciones activas en el ámbito de la integración regional y mundial, favoreciendo, además, el reconocimiento de las instancias consultivas representativas de la sociedad civil organizada en el marco de los acuerdos comerciales y de asociación. |
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El grupo de contacto de la sociedad civil creado hace varios años por la DG Comercio ha resultado muy provechoso y constituye una buena práctica que debe fomentarse. |
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El CESE ha ido construyendo progresivamente un sistema estructurado de relaciones (18) , que constituye una base importante en el diálogo interinstitucional para desarrollar de manera constante la participación activa de la sociedad civil de casi todas las regiones del mundo. En materia de seguimiento, el CESE considera que puede desempeñar un papel activo que, por otra parte, ya se le ha atribuido en algunos casos específicos como las tareas institucionales previstas en el Acuerdo de Cotonú con los países ACP, los comités consultivos mixtos instituidos con varios países candidatos a la adhesión a la UE o también el trabajo desarrollado en el Euromed y el Mercosur. La documentación, los dictámenes y las declaraciones finales que se elaboran cada año en los numerosos encuentros organizados por el CESE en el marco de este sistema constituyen una fuente importante de análisis y propuestas de democracia participativa para el conjunto de las relaciones exteriores de la Unión. |
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El CESE podría, además, organizar seminarios específicos u otras reuniones periódicas para consultar a los medios económicos y sociales de los países y las regiones pertinentes, en este caso en el marco de las mesas redondas y los distintos encuentros existentes, con el objetivo de comparar las distintas estrategias adoptadas en cada una de las zonas y regiones del mundo e intercambiar buenas prácticas, contribuyendo así al mismo tiempo a mejorar la definición de la acción exterior de la Unión Europea, al desarrollo futuro de la Estrategia de Lisboa para después de 2010 y al desarrollo de las estrategias de los socios respectivos. |
Bruselas, 4 de noviembre de 2009.
El Presidente del Comité Económico y Social Europeo
Mario SEPI
(1) Punto 12 de las Conclusiones de la Presidencia (13-14 de marzo de 2008).
(2) Maria João Rodrigues: Europe, Globalisation and the Lisbon Agenda. Institute for Strategic and International Studies, 2009.
(3) COM(2006) 278 final y COM(2007) 581 final.
(4) COM(2005) 311 final.
(5) DO C 77 de 31.3.2009, p. 148.
(6) COM(2006) 567 final.
(7) Estos últimos estaban ya previstos en el marco del Acuerdo de Cotonú con los países ACP, a fin de llevar a cabo seis acuerdos de asociación económica (AAE) de nivel regional.
(8) COM(2008) 874 final.
(9) DO C 175, 27.7.2007, p. 57 y DO C 211 de 19.8.2008, p. 82.
(10) Véanse las conclusiones del grupo coordinado por Laurent Cohen Tanugi, que elaboró el informe preparatorio para la Presidencia francesa de la UE en el segundo semestre de 2008 (www.euromonde2015.eu).
(11) DO C 27 de 3.2.2009, p. 82, DO C 277 de 17.11.2009, p. 92; y Dictamen del CESE sobre el tema «La energía y el cambio climático como elemento central de la Estrategia de Lisboa renovada» (veáse página 36 del presente Diario Oficial).
(12) COM(2007) 581 final.
(13) DO C 175 de 27.7.2007, p. 57.
(14) Últimamente por A. Riccardi, Premio Carlo Magno, en Aquisgrán, el 21 de mayo de 2009.
(15) Véase el informe del Relator especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación, Olivier De Schutter, titulado «La ronda de Doha no impedirá otra crisis alimentaria» (9 de marzo de 2009).
(16) DO C 228 de 22.9.2009, p. 32.
(17) DO C 120, 6.5.2008, p. 82 y DO C 44 de 16.2.2008, p. 91.
(18) Véase el programa de trabajo de la Sección Especializada de Relaciones Exteriores del CESE, http://eesc.europa.eu/sections/rex/index_fr.asp.