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COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN AL PARLAMENTO EUROPEO Y AL CONSEJO Aspectos relacionados con el mantenimiento de la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro /* COM/2013/0281 final */


COMUNICACIÓN DE LA COMISIÓN AL PARLAMENTO EUROPEO Y AL CONSEJO

Aspectos relacionados con el mantenimiento de la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro

1.           Introducción

La introducción del euro en 1999 constituyó un importante paso en el proceso de integración europea. Desde el 1 de enero de 2002, el euro ha estado disponible físicamente, en forma de billetes y monedas, y actualmente alrededor de 330 millones de ciudadanos de la UE, de 17 Estados miembros, lo utilizan como moneda propia. Desde la introducción del euro se ha mantenido inalterada la estructura de denominaciones de los billetes en euros y de las monedas en euros (1, 2, 5, 10, 20 y 50 céntimos, y 1 y 2 euros).

Aunque la emisión de monedas en euros es labor de los Estados miembros, la armonización de sus denominaciones y especificaciones técnicas es competencia del Consejo. Las denominaciones y especificaciones técnicas de las monedas en euros destinadas a la circulación fueron establecidas en el Reglamento (CE) nº 975/98 del Consejo. De conformidad con el Reglamento (CE) nº 974/98 del Consejo, las monedas denominadas en euros o en cents que se ajusten a las denominaciones y especificaciones técnicas que el Consejo establezca son las únicas monedas de curso legal en todos los Estados miembros cuya moneda sea el euro.

En 2012, el Parlamento Europeo y el Consejo pidieron a las instituciones competentes que examinasen la utilización de las distintas denominaciones de los billetes y monedas en euros atendiendo a los criterios de coste y aceptación por parte del público[1].

El artículo 2 del Reglamento relativo a la emisión de las monedas en euros impone a la Comisión Europea la obligación de efectuar «una evaluación de los efectos del mantenimiento de la emisión de monedas de 1 y 2 cents», especialmente mediante «un análisis de costes y beneficios en el que se tendrán en cuenta los costes reales de producción de dichas monedas en relación con su valor y sus beneficios».

Este mandato debe situarse en el contexto del debate relativo a la utilidad de las dos denominaciones de monedas en euros más pequeñas desde su introducción. Los principales elementos del debate son los elevados costes de producción y gestión de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro respecto de su valor nominal, la disminución significativa (pérdida importante) de la circulación de estas monedas[2], y la reducción del poder adquisitivo de estas dos pequeñas denominaciones. El debate también se centra en la inflación o la inflación percibida, ante el temor general de que el posible cese de la emisión de estas monedas, junto con su retirada de la circulación, pueda aumentar los precios de consumo.

La evaluación solicitada se realizó sobre la base de una consulta de las partes interesadas y de un amplio ejercicio de balance[3]. La presente Comunicación expone cuatro principales opciones estratégicas (que van desde el mantenimiento de una situación inalterada hasta la retirada de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro) y pone de relieve los principales elementos de las distintas opciones, así como sus ventajas e inconvenientes. El documento de trabajo, que figura en el anexo, contiene información más detallada.

2.           Cuatro escenarios posibles para las monedas de 1 y 2 céntimos de euro

En principio, la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro podría continuar como hasta ahora o terminarse, lo que representa dos escenarios (mantenimiento de la emisión y retirada de las monedas) que se han de examinar. No obstante, sobre la base de los resultados de los cuestionarios y del ejercicio de balance, se pueden establecer cuatro posibles escenarios: dos escenarios principales (mantenimiento de la emisión y retirada de las monedas) y otros dos escenarios que constituyen sendas variantes de estos escenarios principales.

El primer escenario de base es el mantenimiento de la emisión de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro en las condiciones de emisión actuales, sin alterar el contexto jurídico o material («escenario de mantenimiento de la situación actual»). Las monedas seguirían teniendo curso legal y se seguirían produciendo con las actuales especificaciones técnicas (metal, peso, y tamaño, por ejemplo) y sin modificar los procesos de fabricación o emisión[4]. Una variante de este escenario sería el mantenimiento de la emisión pero disminuyendo los costes, que se basaría en el supuesto de que los costes de emisión de las monedas puedan reducirse modificando su composición material y/o aumentando la eficiencia de su producción («escenario de emisión con reducción de costes»).

El segundo escenario de base consistiría en la supresión de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro («escenario de retirada rápida»). Según este escenario, se pondría fin a la emisión de estas denominaciones, al tiempo que las monedas en circulación se retirarían principalmente a través de los minoristas, los supermercados y los bancos dentro de un corto periodo preestablecido. Se aplicarían normas de redondeo obligatorias a partir del primer día del periodo de retirada, y las monedas dejarían de tener curso legal al final de dicho periodo.

Una variante del escenario de retirada rápida es un «escenario de supresión gradual», que tendría el efecto de una retirada, pero con modalidades diferentes. Aunque, conforme a este escenario, también cesaría la emisión de monedas y se aplicarían normas de redondeo obligatorias, las monedas seguirían teniendo curso legal. Las monedas de 1 y 2 céntimos de euro se podrían seguir utilizando, pero únicamente para el pago de la suma final redondeada. Dado que no se emitirían nuevas monedas, cabe suponer que las monedas desaparecerían gradualmente de la circulación debido a la alta tasa de pérdida y a la falta de atractivo de estas monedas como medio cómodo de pago.

3.           Dos escenarios de mantenimiento de la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro

3.1.        Escenario de mantenimiento de la emisión en las mismas condiciones («escenario de mantenimiento de la situación actual»)

Este escenario constituye intrínsecamente la referencia con respecto a la cual han de evaluarse los otros tres escenarios.

3.1.1.     Nivel de emisión cada vez mayor como consecuencia de una alta tasa de pérdida

Desde la introducción de los billetes y monedas en euros en 2002 se han acuñado más de 46 000 millones de monedas de 1 y 2 céntimos de euro. En un periodo de 10 años, la cantidad de estas denominaciones ha aumentado aproximadamente un 74 %. Actualmente, casi una de cada dos monedas en euros puestas en circulación es una moneda de 1 o 2 céntimos de euro. Aunque la cantidad global de monedas de 1 y 2 céntimos de euro acuñadas es muy elevada, el valor total de estas monedas es de solo 714 millones de euros aproximadamente.

El gran aumento de la cantidad de monedas de 1 y 2 céntimos de euro se debe principalmente a las altas tasas de pérdida de estas denominaciones, que van desde el 25 % hasta cerca del 100 %.

Los consumidores no utilizan frecuentemente monedas de 1 y 2 céntimos de euro en sus pagos, pero reciben estas monedas de los minoristas en la devolución del cambio. Los ciudadanos parecen considerar que estas monedas carecen de valor y tienden a acumularlas en lugar de volverlas a poner en circulación.

Aunque la inflación se ha mantenido a un nivel muy bajo desde la introducción del euro, ya ha tenido lugar una erosión substancial del poder adquisitivo de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro: el valor de una moneda de 1 céntimo de euro ha disminuido por término medio hasta 0,81 céntimos.

3.1.2.     Actividad con pérdidas

Es difícil evaluar los costes globales de la emisión de moneda, ya que incluyen los costes de producción, embalaje, transporte, almacenamiento y otros costes de distribución y puesta en circulación para los bancos y los minoristas.

Al considerar los costes de producción de monedas, deben analizarse tres componentes fundamentales: 1) el coste de las materias primas utilizadas para el cospel (ficha de metal en la que se acuña la moneda); 2) los costes de producción de los cospeles; 3) los costes de la producción final (acuñación) de las monedas. No es fácil obtener información detallada sobre estos distintos elementos de coste, dado que los principales actores que participan en el proceso de producción (esto es los productores de cospeles y las fábricas de la moneda) suelen considerarlos sensibles desde el punto de vista del mercado y cubiertos, por tanto, por el secreto comercial.

Dicho esto, los costes de producción y emisión de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro son generalmente elevados. La mayoría de los Estados miembros afrontan costes de adquisición que rebasan el cuádruple del valor nominal de las monedas, lo que lleva a una renta de señoreaje negativa. Según lo indicado por cinco Estados miembros, el precio de adquisición medio no ponderado de estas monedas para los respectivos Tesoros representa alrededor del 150 % de su valor nominal, mientras que el precio medio ponderado se acerca al 300 % (debido a los costes relativamente elevados de un Estado miembro de grandes dimensiones).

Aunque las respuestas al cuestionario no han proporcionado sistemáticamente información detallada sobre los diversos componentes de los costes de producción, pueden deducirse algunas indicaciones preliminares generales:

– Los costes de los cospeles parecen representar aproximadamente el 50 %-60 % del valor nominal de la moneda, con un coste relativo para la moneda de 2 céntimos de euro generalmente inferior al de la moneda de 1 céntimo. Estos elevados costes se deben a la compra de la materia prima (metales). El sector de fabricación de monedas ha registrado un proceso de integración vertical; algunas fábricas de la moneda y algunos productores de cospeles se han unido para aumentar su rentabilidad en una actividad caracterizada por altos volúmenes y pequeños márgenes en el proceso de fabricación de cospeles.

– Según las conclusiones preliminares, el coste de la materia prima constituye solo una parte relativamente pequeña del coste total de adquisición del producto terminado por los Tesoros nacionales. Por ello, las significativas variaciones en los costes de producción de monedas no pueden explicarse por los costes de la materia prima o de producción del cospel, sino que deben atribuirse al proceso final de producción de las monedas (acuñación), llevado a cabo por las fábricas nacionales de la moneda de la zona del euro.

– Se requiere un análisis más a fondo para estudiar si la variación de los costes entre las fábricas nacionales de la moneda de la zona del euro se debe a diferencias en los costes de la mano de obra y/o del capital o si está relacionada con posibles deficiencias del proceso de producción. Las significativas diferencias de costes entre las distintas fábricas nacionales de la moneda también podrían explicarse por la posición monopolista de estas en sus respectivos países.

A nivel de la zona del euro, el ratio (ponderado) entre el precio de adquisición y el valor nominal de las monedas emitidas apuntaría a un coste neto acumulado total de la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro (renta de señoreaje negativa) de 1 400 millones de euros.

3.1.3.     Satisfacción general de los usuarios

En cuanto a la aceptación de los ciudadanos, estos están generalmente a favor de que se continúe la emisión. Según la encuesta Eurobarómetro realizada por la Comisión, los ciudadanos están generalmente satisfechos con las actuales denominaciones de las monedas, si bien manifiestan un apoyo relativamente menor a las monedas de 1 y 2 céntimos de euro.

Las fábricas de la moneda apoyan el mantenimiento de la emisión de estas monedas, aunque solo sea por que dicha emisión representa una parte sustancial de su actividad. Por su parte, las federaciones bancarias no manifiestan una preferencia al respecto. Debe observarse que tanto las fábricas de la moneda como los bancos tienen la posibilidad de trasladar los costes asociados a estas monedas a sus clientes, a través de los costes de adquisición y de los gastos de gestión, respectivamente.

La industria de máquinas expendedoras no está afectada por las monedas de 1 y 2 céntimos de euro, dado que estas máquinas no aceptan dichas denominaciones. Las organizaciones de minoristas tienen opiniones dispares sobre la utilidad de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro, dado que afrontan elevados gastos de gestión (por ejemplo, un rollo de 50 monedas de 1 céntimo de euro puede a veces llevar asociado un gasto de gestión de 40 céntimos), pero al mismo tiempo entienden que dichas monedas son útiles para operaciones de pago al por menor.

3.2.        Escenario de mantenimiento de la emisión disminuyendo los costes («escenario de emisión con reducción de costes»)

El escenario de emisión con reducción de costes es una variante del escenario de mantenimiento de la situación actual e implica la continuación de la emisión de las denominaciones más pequeñas al mismo tiempo que se buscan soluciones que permitan reducir los excesivos costes actuales de la emisión. Existen dos maneras de disminuir los costes de adquisición de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro, que no son por fuerza mutuamente excluyentes: modificar la composición de las monedas y/o modificar el proceso de producción de las monedas.

3.2.1.     Modificación de la composición de las monedas

La primera medida consistiría en modificar la composición de las monedas y optimizar las tolerancias actuales de fabricación o utilizar un metal más barato, como, por ejemplo, el acero inoxidable, manteniendo invariado el tamaño de las monedas. Ello podría lograrse mediante una modificación del Reglamento (CE) nº 975/98 del Consejo.

La utilización de un metal menos precioso podría en algunos casos llevar a una modificación del color de las nuevas monedas.

Aunque existen opiniones diversas sobre las posibles composiciones alternativas de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro (acero inoxidable, aluminio, zinc) y sobre la magnitud de las posibles reducciones de costes, la posibilidad de ahorrar costes está exenta de controversia.

Sin embargo, como se ha indicado anteriormente, el coste de las materias primas constituye solo una pequeña parte de los costes totales del producto terminado. La diferencia entre los costes de adquisición y el valor nominal de estas monedas —así como la importante desproporción de esta diferencia entre Estados miembros de la zona del euro— no se debe a los costes de la materia prima, sino al proceso de fabricación de las monedas.

3.2.2.     Mejorar la eficiencia del proceso de fabricación

Habrá que realizar un análisis más detenido para estudiar si la variación de costes entre las distintas fábricas de la moneda de la zona del euro —por ejemplo, una fábrica de la moneda logra producir monedas de 1 céntimo de euro con un coste inferior a su valor nominal, mientras que otra vende estas monedas al Tesoro nacional a un precio equivalente al cuádruple de su valor nominal— se deriva de diferencias en los costes de la mano de obra y/o del capital para la producción final de las monedas o si se deriva de posibles deficiencias del proceso de producción. Corregir estas posibles deficiencias sería responsabilidad de los Estados miembros.

La aplicación de ambos tipos de medidas, mientras se mantiene la emisión de las denominaciones de 1 y 2 céntimos de euro, podría permitir ahorros significativos. Aunque no se abordarían los otros costes de la emisión (por ejemplo, los relacionados con la gestión de las materias primas) y proseguiría la producción excesiva debido a una elevada tasa de pérdida, la renta de señoreaje negativa podría reducirse significativamente, o incluso eliminarse.

4.           Dos escenarios de retirada de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro

4.1.        Retirada con rápida pérdida del curso legal («escenario de retirada rápida»)

El segundo escenario de base consiste en la retirada de las monedas con la pérdida del curso legal.

En este escenario, se pondría fin a la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro y casi inmediatamente las monedas dejarían de tener curso legal, lo cual requeriría una modificación del Reglamento (CE) nº 975/98 del Consejo. Serían probablemente necesarias normas de redondeo jurídicamente vinculantes (redondeo al múltiplo de 5 céntimos más cercano)[5] y las monedas se retirarían de forma activa de la circulación.

4.1.1.     Implicaciones económicas: efecto positivo sobre la renta de señoreaje, pero temor de los ciudadanos de que se genere inflación

Una importante consideración económica del escenario de retirada de las monedas es su potencial de ahorro de costes; se eliminarían los substanciales costes de producción de estas pequeñas monedas así como la renta de señoreaje negativa relacionada con la emisión de las monedas en la mayoría de los Estados miembros. Las empresas, los supermercados y los minoristas, en particular, ya no tendrían que ocuparse de la pesada y costosa gestión de monedas de pequeña denominación[6], cuyos costes trasladan a sus clientes a través de comisiones o ajustes de precios.

Las partes interesadas suelen creer que los costes puntuales de la retirada de las monedas revisten una importancia secundaria en comparación con los ahorros de costes esperados. Incluso podrían tener efectos positivos sobre los ingresos estatales, dada la posible eliminación de los costes de producción mencionados. Por otra parte, la abolición de las dos denominaciones más pequeñas podría aumentar ligeramente la demanda de monedas de 5 y probablemente de 10 céntimos de euro, lo que podría tener efectos positivos sobre la renta de señoreaje.

Por otra parte, una importante preocupación de los ciudadanos es que el escenario de retirada rápida aumente la inflación. Se teme que la abolición de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro lleve a aumentos de precios, a pesar de la aplicación de normas de redondeo. El redondeo de los importes finales o de los precios individuales podría llevar a los consumidores a temer también redondeos al alza o incluso claros aumentos de precios en el futuro. Este temor se refiere particularmente al caso en que el redondeo afecta a artículos que se compran frecuentemente y se pagan generalmente en efectivo, lo que podría incidir en las expectativas de inflación. Sin embargo, no se prevé que la retirada de estas monedas tenga efectos significativos sobre la estabilidad de precios, y ello por varias razones:

– en primer lugar, una serie de estudios han demostrado que los efectos inflacionistas, de haberlos, serían muy limitados, en Eslovaquia, por ejemplo, un estudio sobre los efectos inflacionistas de la retirada de las monedas de 10 y 20 haleres concluyó que el cese de la fabricación de estas monedas y las normas de redondeo asociadas solo tendrían un efecto inflacionista limitado (inferior al 0,01 %);

– en segundo lugar, la experiencia de primera mano que representa la aplicación de las normas de redondeo en Finlandia y los Países Bajos ha mostrado unos efectos de la inflación mínimos o inexistentes;

– en tercer lugar, las normas de redondeo se aplicarían únicamente a la transacción final y no a los precios individuales, limitándose así sus efectos potenciales.

Aunque no se espera que la retirada de las monedas tenga efectos notables sobre la inflación, la experiencia con la introducción del efectivo en euros muestra que puede contribuir a una distorsión de las percepciones de inflación (percepción de aumentos de precios no coincidente con los datos relativos al IPCA) y, de esta forma, causar cierto descontento entre los ciudadanos. Durante el proceso de consulta, muchas partes interesadas pusieron de relieve que los ciudadanos son actualmente muy sensibles a los planes e iniciativas que, en su opinión, afectarían a su situación financiera, particularmente debido al difícil marco económico general. Por lo tanto, si se aplicase este escenario tendría que venir acompañado de una intensa campaña de información de los ciudadanos relativa a los aspectos prácticos de la retirada de las monedas y las normas de redondeo que se aplicarían.

4.1.2.     Puntos de vista de los ciudadanos y de los Estados miembros sobre una retirada de las monedas de baja denominación

La encuesta Eurobarómetro realizada por la Comisión muestra que, de forma general, los ciudadanos parecen satisfechos con las denominaciones de las monedas en euros. La minoría de ciudadanos que no están satisfechos con la actual estructura de denominaciones de las monedas expresan generalmente el deseo de que se retiren las monedas de 1 y 2 céntimos de euro.

A la pregunta realizada en la consulta formal acerca de la opción preferida entre el mantenimiento de la emisión y la retirada de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro, la mayoría de los Estados miembros no respondió, mientras que un pequeño número de ellos manifestó preferir la retirada de estas monedas. Partiendo de este resultado parcial no se pueden extraer conclusiones firmes.

4.2.        Supresión de las monedas de forma gradual

El escenario de supresión gradual tendría el mismo efecto que una retirada de las monedas, pero el resultado se lograría mediante la decisión conjunta de los Estados miembros de dejar de emitir monedas de 1 y 2 céntimos de euro y aplicar simultáneamente normas de redondeo. Estas monedas seguirían en circulación y conservarían su curso legal, pero desaparecerían progresivamente, como resultado de la alta tasa de pérdida y de la ausencia de nuevas emisiones. Las monedas dejarían de tener curso legal cuando su circulación fuera meramente residual.

4.2.1.     Necesidad de normas de redondeo

Deberían probablemente introducirse normas de redondeo para compensar la escasez creciente de monedas de 1 y 2 céntimos de euro, pero sin impedir su utilización (estas monedas podrían seguirse utilizando, pero solo para completar 5 céntimos de euro, como en Finlandia y en los Países Bajos). Sería necesaria una campaña informativa para explicar la supresión gradual y las normas de redondeo.

4.2.2.     La circulación pasaría a ser residual en unos cuantos años

El ritmo exacto de la operación no puede predecirse con precisión, dado que no se dispone de datos empíricos de escenarios de desaparición gradual en los Estados miembros o en otros países.

El cálculo que figura a continuación simula los efectos de una desaparición gradual basada en una tasa de pérdida media de aproximadamente el 60 %, suponiendo que se mantenga estable a lo largo del tiempo. La mayoría de las monedas dejarían de circular en un plazo de cuatro o cinco años. Su circulación ya sería meramente residual en torno a 2020, momento en el cual podría adoptarse la decisión de poner fin a su curso legal.

Monedas de 1 céntimo de euro Tasa de pérdida anual del 60 % || || Monedas de 2 céntimos de euro Tasa de pérdida anual del 60 %

2013 || 2015 || 2017 || 2019 || 2021 || 2023 || 2025 || 2013 || 2015 || 2017 || 2019 || 2021 || 2023 || 2025

26 260 || 4 202 || 672 || 108 || 17 || 3 || 0 || 20 606 || 3 297 || 528 || 84 || 14 || 2 || 0

Aunque en este escenario la circulación de las monedas disminuiría rápidamente, los bancos, los supermercados y otros minoristas seguirían afrontando costes de gestión de las monedas restantes. No obstante, no sería necesario ningún esfuerzo para la retirada activa de las monedas.

5.           Conclusiones

Sobre la base de los resultados de la consulta de las partes interesadas y del análisis anterior pueden sacarse una serie de conclusiones fundamentales en relación con el mantenimiento de la emisión de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro.

– La producción de monedas de 1 y 2 céntimos de euro es claramente una actividad que genera pérdidas para la zona del euro. Cada uno de los cuatro escenarios indicados para abordar estos problemas podría aplicarse de igual manera a las monedas de 1 y 2 céntimos de euro. El análisis no indica que los escenarios deban aplicarse a una de las dos denominaciones en lugar de a la otra (esto es, únicamente a la moneda de 1 céntimo de euro o a la de 2 céntimos)

– La actitud de los ciudadanos respecto de las monedas de 1 y 2 céntimos de euro es paradójica: parecen tener cierto apego a estas pequeñas denominaciones y temen que su desaparición pueda provocar inflación, pero las consideran monedas sin valor y no las reutilizan en sus pagos. La alta tasa de pérdida resultante, junto con la existencia de precios psicológicos, lleva a una demanda creciente de emisión de monedas de poco valor.

– Los aspectos económicos de la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro abogan por el cese de su producción. No obstante, los elementos de costes se deberán sopesar teniendo en cuenta otras consideraciones, especialmente la reacción negativa que podrían provocar en los ciudadanos las normas de redondeo. También se deberán tener en cuenta las desfavorables perspectivas económicas actuales.

– Es necesario entablar debates entre las partes interesadas sobre la base de los cuatro escenarios descritos anteriormente. En caso de que se manifieste una preferencia clara, la Comisión presentará las propuestas legislativas oportunas.

[1]               Considerando 7 del Reglamento (UE) n° 651/2012 relativo a la emisión de monedas en euros (DO L 201 de 27.7.2012, p. 135).

[2]               El nivel de pérdida puede describirse como una tasa de pérdida, calculada de la forma siguiente: uno menos la tasa de circulación (número de monedas devueltas al banco central dividido entre el número de monedas puestas en circulación).

[3]               En agosto y septiembre de 2012 se consultó a un grupo de principales partes interesadas mediante cuestionarios relativos a dos principales escenarios para las monedas de 1 y 2 céntimos de euro: el mantenimiento de su emisión y una posible retirada de las monedas. Las partes interesadas se clasificaron en dos grupos principales: partes interesadas del sector público de los Estados miembros (esto es, administraciones nacionales, fábricas nacionales de la moneda y bancos centrales) y el BCE, y partes interesadas del sector privado tales como asociaciones y empresas europeas (asociaciones bancarias, empresas de transporte de fondos, asociaciones de consumidores y de minoristas).

[4]               Véase el artículo 1 del Reglamento (CE) nº 975/98 (DO L 139 de 11.5.1998, p. 6), modificado por el Reglamento (CE) nº 423/1999 del Consejo.

[5]               El marco de emisión y utilización de monedas de 1 y 2 céntimos de euro en Finlandia y en los Países Bajos es distinto del de otros países de la zona del euro. Poco después del paso al euro, Finlandia redujo la emisión de monedas de 1 y 2 céntimos de euro a importes residuales. Los Países Bajos hicieron lo mismo en septiembre de 2004. Ambos países mantienen bajo el nivel de monedas de 1 y 2 céntimos de euro en circulación debido a las normas de redondeo. En Finlandia, para los pagos en efectivo se han establecido por ley normas de redondeo al múltiplo de 5 céntimos de euro más cercano, mientras que en los Países Bajos se aplican normas similares desde septiembre de 2004 sobre la base de un acuerdo entre el sector minorista y las asociaciones de consumidores.

[6]               Ambos aspectos fueron los principales factores de la reciente abolición de las denominaciones más bajas en Suecia en 2010 (moneda de 50 øre = 5,5 céntimos de euro aproximadamente) y en Canadá en 2013 (moneda de 1 centavo = 0,7 céntimos de euro aproximadamente).