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Document 52012AE1315

Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre la «Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones — Hoja de ruta de la Energía para 2050» COM(2011) 885 final

OJ C 229, 31.7.2012, p. 126–132 (BG, ES, CS, DA, DE, ET, EL, EN, FR, IT, LV, LT, HU, MT, NL, PL, PT, RO, SK, SL, FI, SV)

31.7.2012   

ES

Diario Oficial de la Unión Europea

C 229/126


Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre la «Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones — Hoja de ruta de la Energía para 2050»

COM(2011) 885 final

2012/C 229/25

Ponente: Pierre Jean COULON

Coponente: Richard ADAMS

El 15 de diciembre de 2011, de conformidad con el artículo 304 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, la Comisión decidió consultar al Comité Económico y Social Europeo sobre la

«Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo, al Consejo, al Comité Económico y Social Europeo y al Comité de las Regiones – Hoja de Ruta de la Energía para 2050»

COM(2011) 885 final.

La Sección Especializada de Transportes, Energía, Infraestructuras y Sociedad de la Información, encargada de preparar los trabajos en este asunto, aprobó su dictamen el 10 de mayo de 2012.

En su 481o Pleno de los días 23 y 24 de mayo de 2012 (sesión del 23 de mayo), el Comité Económico y Social Europeo aprobó por 137 votos a favor, 6 en contra y 9 abstenciones el presente dictamen.

1.   Conclusiones y recomendaciones

1.1   El Comité Económico y Social Europeo (CESE) acoge con gran interés la Hoja de Ruta de la Energía para 2050 y su objetivo de proporcionar un marco para la política concertada de una descarbonización sustancial del sector energético en Europa de aquí a 2050 (Consejo Europeo de octubre de 2009). El reto no consiste únicamente en conseguir una combinación energética con baja emisión de carbono que sea segura y sostenible en un mercado competitivo, sino también en convencer a la sociedad civil de que se trata de un objetivo factible.

1.2   Los recursos e infraestructuras energéticos varían de un Estado miembro de la UE a otro, por lo que para algunos países alcanzar el objetivo de la descarbonización representa un reto mucho mayor que para otros. La Hoja de Ruta ofrece una flexibilidad considerable en su enfoque que permite que los países desarrollen planes de acción adecuados. Esto incluirá un importante reparto de cargas con el objetivo de alcanzar el objetivo de la descarbonización.

1.3   Este objetivo es ambicioso, pero fundamental, si Europa quiere desempeñar el papel que le corresponde en la lucha contra el cambio climático y lograr una mayor seguridad energética. Será necesario un debate lo más amplio posible entre los ciudadanos europeos, y el Comité considera que la Hoja de Ruta puede resultar eficaz en la instauración de este diálogo. Sin embargo, debe promover la participación a todos los niveles: individual, comunitario, regional, nacional, a nivel de la UE y, en particular, con una acción global complementaria.

1.4   La Hoja de Ruta concluye con diez condiciones o prioridades de acción inmediata. El CESE está de acuerdo con todas ellas y, en particular, con la última, que recomienda el establecimiento de jalones concretos y específicos que marquen el camino a seguir durante los próximos años. El Comité también coincide en que la creación de un marco político para 2030 está cobrando importancia de cara a proporcionar una guía fiable para la adopción de decisiones de inversión durante los próximos años, que tendrá que mirar mucho más allá de 2020 a la hora de calcular sus beneficios y rentabilidad.

1.5   Previamente, el CESE recomienda efectuar una revisión urgente de la Estrategia Energía 2020, lo cual resulta fundamental para ajustar el rumbo definitivo hacia 2030 o 2050. El Comité desearía contar con informes sobre los tres objetivos principales establecidos para la década actual por cada país y sector.

1.6   Es importante obtener una primera indicación de las posibilidades de alcanzar los difíciles objetivos de la Hoja de Ruta y examinar sus consecuencias para la economía de UE, incluida la competitividad a nivel mundial, el empleo y la seguridad social.

1.7   La participación del público en cuestiones de transición energética es esencial. Tanto un foro europeo de la sociedad civil como la adopción de medidas activas hacia la creación de una Comunidad Europea de la Energía serán medidas constructivas para alcanzar el objetivo deseado: un futuro sostenible desde el punto de vista energético.

2.   Introducción

2.1   La Hoja de Ruta de la Energía para 2050 es la propuesta de marco político final de una serie de propuestas formuladas por la Comisión Europea al objeto de reforzar las políticas europeas en materia de energía y cambio climático (véase, en particular, la «Hoja de ruta hacia una economía hipocarbónica competitiva en 2050» - COM(2011) 112 final). La Hoja de Ruta proporciona un marco que permitirá alcanzar los tres objetivos de la política energética europea: descarbonización, seguridad del suministro y competitividad. La Hoja de Ruta en sí misma no hace recomendaciones específicas sobre acciones políticas u objetivos intermedios y las hipótesis de trabajo que se presentan no deben considerarse como propuestas políticas.

2.1.1   A nivel mundial, de mantenerse las políticas y tendencias actuales, se espera que la demanda primaria de energía aumente en un tercio entre 2010 y 2035, un aumento que solo se verá afectado marginalmente por un crecimiento económico menor. El porcentaje de combustibles fósiles en el consumo mundial de energía primaria solo disminuirá ligeramente (de un 81 % en 2010 a un 75 % en 2035), por lo que las emisiones de CO2 relacionadas con la energía aumentarán en un 20 % más durante este período, lo cual apunta a un aumento a largo plazo de la media de la temperatura mundial por encima de los 3,5 °C (Perspectivas energéticas mundiales de la Agencia Internacional de Energía (AIE), noviembre de 2011).

2.1.2   Pese a centrarse en la descarbonización del sistema energético, la Hoja de Ruta reconoce dos aspectos vulnerables muy importantes. Las importaciones de energía representan alrededor del 55 % de la combinación energética de la UE y el mercado energético internacional es altamente competitivo y volátil. En última instancia, solamente una acción global coordinada puede resolver lo que constituye un problema mundial. Europa podría desempeñar un papel destacado, demostrando cómo puede gestionarse la transformación de energía en una región muy importante del mundo, cosechando posiblemente beneficios como pionera en este proceso y reduciendo la dependencia de las importaciones.

2.2   El desafío es apremiante. Las inversiones energéticas suelen durar 40 años o más. A fin de lograr el tipo de transición energética que se considera necesario, con cambios importantes en la oferta y la demanda, es preciso empezar ahora y evitar retraerse en las inversiones intensivas en carbono. Debido a las incertidumbres políticas, técnicas y económicas, la Hoja de Ruta no ofrece una vía única de desarrollo para 2050. Explora posibles rutas de transición y reconoce la necesidad de flexibilidad en un mundo cambiante e incierto. Si bien el Tratado de Lisboa amplió los poderes de la Comisión con respecto a la política energética, reservó específicamente la combinación energética a los gobiernos nacionales y cualquier acción a escala europea debe emprenderse con arreglo a este reparto de responsabilidades. La Hoja de Ruta apunta, no obstante, a la necesidad de un nuevo espíritu de cooperación práctica para lograr el mejor resultado posible, y el Comité apoya firmemente este enfoque pragmático, por ejemplo, en lo que respecta al desarrollo de una Comunidad Europea de la Energía.

3.   Resumen de la Hoja de Ruta de la Energía para 2050

3.1   Hasta 2020, el camino a seguir en materia energética ya está trazado en gran parte por los planes existentes y las políticas establecidas para cumplir la Estrategia 20-20-20. Ahora, la Hoja de Ruta hace hincapié en la urgente necesidad de desarrollar estrategias energéticas para el período posterior a 2020. Los gobiernos deben actuar ahora para garantizar la continuidad del suministro y la seguridad para los inversores, así como minimizar los efectos de retraimiento. Cualquier demora hará que aumenten tanto los costes como el subsiguiente esfuerzo encaminado a reducir al mínimo las emisiones de carbono.

3.2   Habida cuenta de lo difícil que resulta predecir con certeza los futuros energéticos, se han desarrollado siete hipótesis de trabajo ilustrativas de carácter alternativo. Las dos primeras presentan el resultado que probablemente se obtendría de no hacer nada más que continuar con las políticas existentes y las iniciativas políticas actuales; en ninguno de los dos casos se alcanzarían los objetivos de reducción de emisiones de carbono para 2050. Las otras cinco ofrecen vías alternativas para lograr el objetivo de 2050 sobre la base de distintas opciones tecnológicas y políticas:

medidas de eficiencia energética muy estrictas;

un uso importante de la tarificación del carbono para impulsar la competencia en el mercado de una variedad de soluciones hipocarbónicas;

amplias medidas de apoyo para el desarrollo de energías renovables;

más energía nuclear y menos captura y almacenamiento de carbono (CAC);

más captura de carbono y menos energía nuclear.

3.3   La Comisión ha sacado diez conclusiones en relación con los cambios estructurales al sistema de energía que se derivarían de la modelización de las hipótesis de trabajo. La idea general es que la descarbonización es posible y que a largo plazo debería resultar menos costosa que las políticas actuales. Así será en el contexto de una combinación energética en la que la electricidad desempeñará un papel cada vez más importante, con un aumento real de los precios y como porcentaje del gasto de los hogares hasta 2030. Aumentarán los gastos de capital, pero la reducción del coste del combustible y el notable ahorro energético en todo el sistema resultarán cruciales. La cuota de energías renovables aumentará considerablemente en todas las hipótesis de trabajo y se supone que la captura y almacenamiento de carbono desempeñará un papel decisivo y significativo en la transformación del sistema, mientras que la energía nuclear seguirá realizando una contribución importante, con una creciente interacción de los sistemas centralizados y descentralizados a medida que se vayan ampliando las opciones.

3.4   En la Hoja de Ruta se señala que la seguridad energética requiere una política específicamente europea en materia de seguridad del suministro energético y el desarrollo de infraestructuras y relaciones con terceros países productores y de tránsito. Las políticas para el desarrollo de nuevas tecnologías, la integración de las energías renovables en el mercado, la eficiencia y el ahorro energéticos y el desarrollo de infraestructuras serán más eficientes si se coordinan a escala europea.

3.5   Todas las hipótesis de trabajo requerirán cambios y adaptaciones por parte de los usuarios de la energía y la Comisión menciona la necesidad de un compromiso y participación públicos, así como un reconocimiento del impacto social. Será necesario aumentar los niveles de inversión en I+D y en innovación tecnológica y abordar las cuestiones pendientes en materia de mercado único y reglamentación. La infraestructura energética requiere una importante modernización y nuevas capacidades, mientras que los Estados miembros y los inversores necesitan jalones concretos. La Comisión tiene previsto emitir nuevas comunicaciones pertinentes en materia de energías renovables, mercado interior, CAC, seguridad nuclear y tecnologías energéticas. Estas comunicaciones determinarán el marco político para 2030.

4.   Observaciones generales

4.1   Dadas las numerosas incertidumbres técnicas y políticas acerca del futuro, el Comité coincide en que el método de modelar hipótesis de trabajo alternativas para 2050 utilizado en la Hoja de Ruta constituye un planteamiento apropiado que permite comparar y evaluar el impacto de diferentes avances técnicos, combinaciones de políticas y acontecimientos externos.

4.2   La metodología de modelización y los supuestos que aporta adolecen, hasta cierto punto, de una falta de transparencia. Debe facilitarse más información sobre este método, para que otros expertos puedan probar este enfoque y desarrollar otras hipótesis de trabajo partiendo de supuestos previos diferentes. No obstante, el Comité considera que la información incluida en los anexos de la Hoja de Ruta constituye un paso positivo y suscribe la conclusión principal de la Hoja de Ruta en el sentido de que es factible una descarbonización importante para 2050 y que, a largo plazo, la consecución de este objetivo dotaría a Europa de una base energética más segura y sostenible, siempre que se avance con este proyecto en lugar de continuar con las políticas existentes, y a un coste comparable en términos generales durante los próximos 40 años de aquí a 2050. Sin embargo, los objetivos de la descarbonización de la Hoja de Ruta, aunque factibles, son muy importantes y actualmente se enfrentan a muchos obstáculos.

4.3   La Hoja de Ruta demuestra que existen diferentes maneras de lograr la descarbonización. Todas poseen algunos elementos clave en común: un impulso importante en materia de eficiencia energética, una gran expansión de las energías renovables, una mayor dependencia de la electricidad en la combinación de combustibles, una red más amplia y más inteligente y nuevos mecanismos de almacenamiento de electricidad o de capacidad de reserva. Otros elementos dependen más de avances técnicos que todavía no están plenamente probados o de la base de recursos y las decisiones de los distintos países (carbón limpio, energía nuclear, etc.). La aceptación pública y la variación de los costes constituyen dos factores subyacentes importantes para todas las opciones, y ninguna de ellas está exenta de riesgos.

4.4   El Comité está de acuerdo con este análisis y la conclusión implícita de que la UE debería centrar sus principales esfuerzos colectivos en impulsar los elementos comunes que serán necesarios en toda Europa de forma tan rápida, coherente y eficaz como sea posible.

4.5   El Comité comparte, asimismo, el análisis que hace la Hoja de Ruta de los retos y oportunidades principales que deben abordarse a escala europea para transformar el sistema energético, redefinir los mercados energéticos, movilizar a los inversores, involucrar a los ciudadanos e impulsar el cambio a nivel internacional. Teniendo debidamente en cuenta las objeciones y las observaciones que se formulan a continuación, el Comité reconoce lo bien fundado de las prioridades propuestas, en particular, en la última sección, que identifica diez condiciones o cuestiones clave que deben abordarse urgentemente para poder realizar avances.

4.6   El Comité lamenta, no obstante, los retrasos que ya están acumulando la UE y algunos de sus Estados miembros en lo que respecta a la consecución de los objetivos actuales. El Comité pide que se reconozca que la magnitud de este problema está siendo ocultada por el declive de los procesos de producción intensivos en carbono en la UE, su expansión en otras partes del mundo y la posterior importación de artículos producidos de esta forma a la UE.

4.7   El desarrollo tecnológico tarda en estar plenamente disponible a precios competitivos. Las inversiones en energía tienen un ciclo particularmente largo, normalmente de 40 años, lo que hace necesario que la UE y los Estados miembros establezcan con urgencia objetivos indicativos para 2030, junto con políticas de acompañamiento, a fin de evitar el retraimiento de plantas intensivas en carbono. Los propios plazos de estos ciclos de inversión pueden determinar el ritmo del progreso hacia el objetivo final de 2050; y si esto puede lograrse realmente. Será necesario converger la buena disposición política y económica traducida en una acción práctica mediante programas y legislación de apoyo.

4.8   En la actualidad, no se está avanzando con suficiente rapidez ni en el ámbito de la eficiencia energética ni en el del ahorro energético, en particular a la luz de las negociaciones interinstitucionales sobre la actual propuesta de Directiva relativa a la eficiencia energética. La próxima revisión de programas nacionales de eficiencia energética de la Comisión debería promover medidas adicionales, pero teniendo en cuenta que una reducción de la demanda podría afectar también a la inversión en energía. Los avances en materia de energías renovables se ven frenados por un apoyo fluctuante de los gobiernos y en algunos casos por una resistencia a nivel local. La modernización de la red y el almacenamiento de energía avanzan muy lentamente. Una red «inteligente» verdaderamente flexible conlleva costes de inversión adicionales, pero el Comité considera que prevalecen los beneficios que reportará proporcionar lo que constituirá el fundamento de una Comunidad Europea de la Energía mutuamente beneficiosa. Esta cuestión ya se ha examinado de forma pormenorizada en el Dictamen sobre el Reglamento relativo a la infraestructura energética (1).

4.9   La tarificación de las emisiones de carbono que tenía que haber establecido el Régimen Comunitario de Comercio de Derechos de Emisión (RCCDE) es demasiado baja y volátil para transmitir una señal útil a los inversores. Sin embargo, será necesario seguir analizando las consecuencias ligadas a las suposiciones sobre precios unitarios elevados del RCCDE en el futuro (200-300 euros/tonelada en 2040-2050). Estas y otras cuestiones sin resolver crean obstáculos que impiden el cumplimiento de las diez condiciones para el progreso establecidas en la Hoja de Ruta. La primera prioridad debe consistir en examinar estos problemas abierta y honestamente y solucionarlos rápidamente para que se pueda seguir avanzando.

4.10   Más a largo plazo, esto hará que la economía europea sea más resistente y competitiva en el mundo, mientras que la mera continuación de las políticas actuales tendrá el efecto contrario. Pero más a corto plazo, la inversión necesaria dará lugar inevitablemente a un aumento del precio de la energía y a costes adicionales para consumidores, empresas o gobiernos (o, probablemente. alguna combinación de los tres). También es probable, que tenga diferentes repercusiones en distintos Estados miembros, que actualmente presentan diferencias significativas en lo que respecta a su grado de dependencia de los combustibles fósiles, sus niveles actuales de eficiencia energética y su potencial de desarrollo de energías renovables.

4.11   A este respecto, la dependencia, probablemente constante, del carbón en la generación de energía en muchas partes de Europa, combinada con el creciente interés por el potencial del gas de esquisto bituminoso, exigirá una investigación colaborativa y esfuerzos de financiación para llevar a acabo programas complementarios de CAC. El gas de esquisto bituminoso, aunque útil para reducir la dependencia del suministro de energía de terceros países, plantea importantes riesgos medioambientales que deben evaluarse plenamente. Además, será necesario establecer principios de reparto de la carga financiera y repartir los costes de los grandes programas de infraestructura entre los países. Los países que dependen del carbón para producir energía requieren estímulos e incentivos comprensivos para realizar un máximo esfuerzo de descarbonización.

4.12   En opinión del CESE, es fundamental que todas estas repercusiones estén plenamente financiadas, debatidas y aceptadas por todas las partes interesadas y que se adopten medidas para repartir la carga del ajuste en función de la capacidad y en un espíritu de solidaridad, tanto a escala europea como a escala de los Estados miembros. La experiencia demuestra que es posible lograr que las comunidades acepten la necesidad de un cambio y los costes que implican tales transformaciones, pero solo si están plenamente comprometidas, si no se consideran injustamente desfavorecidas y si pueden comprender y aceptar las razones por sí mismas. Los gobiernos nacionales deben dotar a sus ciudadanos de las herramientas necesarias para participar en estos cambios previstos, definir claramente los objetivos y explicar por qué son necesarias estas medidas.

4.13   También resulta fundamental proteger a los consumidores vulnerables de los efectos de un aumento en los precios de la energía, y a las empresas vulnerables de la competencia desleal de regiones situadas fuera de la UE y que no se encuentren sujetas a las mismas restricciones. Puede que los Estados miembros o las regiones que experimenten problemas especiales a la hora de llevar a cabo la transformación energética también necesiten un respaldo adicional a través de los Fondos Estructurales o de otros mecanismos. Se ha de velar, no obstante, por que la existencia de diferentes regímenes de ayuda no genere una competencia desleal entre países y regiones. Al contrario, debería abordarse la armonización de los planes de apoyo justificados, así como de los principios de imputación de costes de los grandes proyectos de infraestructura internacionales. Deben tenerse en cuenta los riesgos concomitantes inherentes a los procesos de planificación centrales que plantean todas estas cuestiones.

4.14   La Comisión Europea debe supervisar eficazmente las estrategias de los Estados miembros de la UE para velar por que los intereses de los consumidores queden garantizados y por que la aplicación de tecnologías inteligentes y con baja emisión de carbono se base en la rentabilidad. En particular, todas las condiciones para un mercado interior eficiente, el fortalecimiento de las competencias y la independencia de los organismos reguladores de la energía y unas obligaciones de servicio universal de carácter general, deben establecerse en un contexto de transparencia, responsabilidad e información pública sobre el consumo sostenible.

4.15   Actualmente, la expansión de las energías renovables también se enfrenta a algunos problemas. En el plano técnico, aún no se han puesto en marcha planes e inversiones para dar cabida a una mayor expansión de las fuentes de suministro variables y ampliamente distribuidas en la red y el sistema de almacenamiento. En el plano económico, pese a que la media del coste unitario de las energías renovables sigue disminuyendo, hasta el momento sigue tratándose de una opción más cara para la generación de energía que los métodos convencionales (particularmente las centrales eléctricas de gas). En lo que respecta al consumidor, existe cierta oposición a nivel local a determinados tipos de instalación (especialmente a la energía eólica). Así pues, aunque desde la perspectiva de 2050, la hipótesis de trabajo de una elevada utilización de las energías renovables parece la opción más atractiva, con la máxima seguridad en el suministro y prácticamente un coste nulo del combustible utilizado (sol, viento, etc.), los problemas para llegar hasta ese punto se antojan más difíciles desde donde nos encontramos ahora y su resolución requerirá un liderazgo político muy decidido y coherente. Aun así, los argumentos anteriores serán válidos únicamente en la medida en que los sistemas de almacenamiento de energía con baja emisión de carbono o de centrales de energía de reserva estén disponibles para compensar el carácter fluctuante de la mayoría de las fuentes renovables.

4.16   La gestión de esta transformación requerirá esfuerzos decididos y coordinados en todos los niveles. Es necesaria una actuación europea decidida a fin de establecer normas comunes para la eficiencia energética en todos los sectores, impulsar la innovación en tecnologías clave, integrar el mercado y armonizar las medidas fiscales y los sistemas de incentivos, reformar el RCCDE, coordinar planes para una red inteligente integrada a escala europea, sistemas de almacenamiento de energía, etc. Se considera esencial una revisión temprana de la Estrategia Energía 2020 antes de trazar el camino definitivo de Europa hacia 2030 o 2050. El Comité desearía contar con informes sobre los tres objetivos principales establecidos para la década actual por cada país y sector.

4.17   El Comité considera fundamental que la Comisión y los Estados miembros creen un mecanismo eficaz para impulsar la transformación de manera coordinada. El Comité es partidario de la pronta creación de una Comunidad Europea de la Energía integrada y, mientras tanto, insta a la Comisión y a los Estados miembros, junto con los organismos reguladores y los operadores de energía, a que creen un mecanismo cooperativo que les permita trabajar conjuntamente como si ya existiera una Comunidad de la Energía.

5.   Observaciones específicas

5.1   Combinación energética

5.1.1   La descarbonización del sistema energético de Europa podría suponer un verdadero activo para la competitividad europea a medio plazo. Conllevará cambios radicales en la combinación de producción de energía de los Estados miembros e implicará el abandono gradual de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón), que todavía representan el 80 % de la combinación energética europea. Estos combustibles fósiles son importados en su mayoría, lo que coloca a la Unión Europea en una situación de dependencia económica y financiera (casi el 55 % de nuestra energía procede de fuentes situadas fuera de Europa). Las adquisiciones anuales de petróleo y gas de la UE ascienden a 270 000 millones y 40 000 millones de euros respectivamente, y el coste de obtención de estos combustibles comporta el riesgo de nuevos aumentos en los años venideros debido a la volatilidad de los precios del petróleo y del gas.

5.1.2   La transición a fuentes de energía locales con baja emisión de carbono será menos costosa para Europa que el mantenimiento de un sistema de energía dependiente de importaciones de energía primaria, especialmente en el contexto de una demanda global en constante aumento. Un sistema de fuentes de energía dispersas estimula la economía local y la creación de empleo y hace que los ciudadanos estén más concienciados sobre las cuestiones relacionadas con la energía. Su desarrollo ayudaría considerablemente a alcanzar los objetivos de la UE en materia de energía y cambio climático. El avance en la introducción de un sistema de fuentes de energía locales con baja emisión de carbono depende de las políticas energéticas y financieras de los Estados miembros. Se espera que la Comisión actúe con más determinación para apoyar las políticas nacionales de desarrollo de fuentes de energía locales.

5.1.3   En este sentido, deberían fomentarse las energías renovables junto con cualquier tecnología que pueda contribuir a la consecución del objetivo de la descarbonización a un menor coste. Es posible que la biomasa también tenga un papel que desempeñar, si bien será importante velar por que los métodos elegidos contribuyan a reducir las emisiones de carbono sobre la base de un análisis de ciclo de vida completo y no contribuyan a la inseguridad alimentaria. En toda Europa hay preocupación por la energía nuclear y oposición a su desarrollo. Sin embargo, la energía nuclear podría ayudar a lograr esta transformación del sistema energético y a reducir las emisiones de CO2 en aquellos países que se inclinen por la opción nuclear, permitiendo reducir los costes del sistema eléctrico y los precios de la electricidad, aunque quedan cuestiones por resolver con respecto a la externalización o socialización de algunos costes, por ejemplo los relativos a cuestiones de seguridad operacional, almacenamiento de residuos, desmantelamiento y responsabilidad.

5.1.4   La electricidad debe desempeñar un papel más importante que el que hoy desempeña, ya que puede contribuir de forma significativa a la descarbonización del transporte y de los sistemas de calefacción/refrigeración. La duplicación prevista de su cuota del consumo energético final deberá ir acompañada de cambios radicales en los métodos de producción de electricidad y en los acuerdos para el comercio de electricidad entre los países europeos, así como de una competencia mayor y real entre vendedores y productores de energía.

5.1.5   El petróleo deberá seguir utilizándose principalmente para el transporte de mercancías y el transporte de pasajeros de larga distancia; en cuanto al gas, podrá utilizarse como sustituto temporal de las fuentes más contaminantes de energía (tales como el carbón o el petróleo), aunque su papel principal hasta 2050 deberá consistir en actuar como combustible de transición en el camino hacia fuentes de energía con baja emisión de carbono. En este contexto, debería realizarse un inventario detallado de los recursos internos de gas de la UE, ya que pueden contribuir a una mayor independencia energética.

5.1.6   Con respecto a los combustibles fósiles en general, Europa debería seguir analizando la ubicación y los aspectos económicos de la captura y almacenamiento de carbono con urgencia, en combinación con la atribución de un valor realista al carbono y una mayor concienciación pública.

5.1.7   Será necesario llevar a cabo cambios radicales en la organización de tres sectores de actividad concretos. La producción de electricidad deberá reducir sus emisiones en al menos un 95 %; cada Estado miembro será libre de elegir la combinación que más le convenga entre energías renovables, energía nuclear y captura y almacenamiento de carbono. Los edificios residenciales y comerciales también tendrán que adaptarse, con unos objetivos de reducción del 90 % basados en normas más estrictas para la construcción de nuevos edificios y en el consumo energético de nuevos aparatos, así como en la renovación de edificios ya existentes. La industria deberá reducir sus propias emisiones en un 85 % y controlar el posible riesgo de fugas de carbono, mediante el traslado de la producción a países que apliquen normas menos restrictivas en materia de emisiones.

5.2   Compromiso industrial y financiero

5.2.1   La transición energética brindará una oportunidad para dar un nuevo impulso a la industria europea, generar actividad y revisar exhaustivamente nuestros métodos de producción y consumo. La competitividad europea debe sustentarse en la investigación, la innovación y una capacidad para traer tecnologías limpias al mercado. Para ello, la UE y sus Estados miembros deben dar prioridad a proyectos a gran escala en los que participen los operadores europeos para servir a la industria en general y a las pymes en particular. Asimismo, debe considerarse y evaluarse el papel de la producción energética localizada.

5.2.2   La transición a una economía hipocarbónica debe promover el empleo en el mercado interior. Paralelamente a la transformación de la industria energética, deben crearse las condiciones adecuadas para el desarrollo de nuevos puestos de trabajo. Los sectores de la construcción y de las energías renovables deberían ser capaces de crear unos 1,5 millones de puestos de trabajo adicionales de aquí a 2020.

5.2.3   El CESE coincide con la Comisión en que la inversión adicional (de 270 000 millones de euros al año hasta 2050, o de un 1,5 % del PIB de la UE), ayudará a Europa a impulsar el crecimiento. Se podrían ahorrar entre 175 000 y 320 000 millones de euros al año solamente en la importación de hidrocarburos. Sin embargo, la comunidad inversora exige una estructura de mercado sistemática y coherente en toda Europa y una mayor colaboración entre los Estados miembros. Se deberían desarrollar instrumentos de inversión financiera innovadores, en particular para respaldar a las pymes en el ámbito de la energía.

5.2.4   Es necesario poner en común los recursos financieros necesarios e ir más allá de los sistemas de apoyo a nivel nacional, que resultan ineficaces y dificultan la competencia. La revisión del marco de ayudas estatales en el sector del medio ambiente prevista para 2013 debería permitir apoyar la promoción de todas las tecnologías que puedan ayudar a reducir las emisiones de CO2.

5.3   Mejorar y reducir nuestro consumo: más eficiencia energética y comercio energético entre los Estados miembros

5.3.1   Europa debe emprender un importante esfuerzo para reducir el consumo energético, racionalizar el consumo –mediante la promoción de un comportamiento que tienda al ahorro de energía y de tecnologías que consuman menos energía– y practicar un comercio energético eficiente. Los edificios (39 % del consumo energético final en Europa), el transporte (30 %) y la industria (25 %) requieren un marco común de normas vinculantes. Hay un amplio margen para el ahorro energético: el sector industrial podría reducir su consumo de energía en un 19 % y el sector del transporte en un 20 %.

5.3.2   El CESE recomienda proseguir de forma racional con los esfuerzos emprendidos en el marco del paquete de medidas sobre el cambio climático y la energía, teniendo en cuenta la necesidad de apoyar a los países de Europa Central y Oriental.

5.3.3   El crecimiento enorme de las energías renovables en el mar del Norte y, potencialmente, aunque en menor medida, en la región del mar Báltico, y de la energía solar y eólica en el sur de Europa requerirá una infraestructura nueva y «más inteligente» para mejorar los intercambios entre los países y las regiones europeas. El desarrollo de estas «redes inteligentes» podría permitir reducir el consumo en un 9 % y las emisiones de CO2 entre un 9 % y un 15 %. Para ello, deberán realizarse inversiones prioritarias en dichas infraestructuras estratégicas por un importe estimado de entre un 1,5 y 2,2 billones de euros de aquí a 2050, para modernizar y desarrollar las redes europeas de electricidad y de gas.

5.3.4   Sería útil que grupos de Estados miembros de una región geográfica determinada coordinaran sus combinaciones energéticas, sus infraestructuras y sus normas de mercado, a fin de compartir los beneficios de las diferentes fuentes de energía a su disposición. Al estar más interconectados y armonizados, sus mercados serían más resistentes a las fluctuaciones de producción y de consumo y estarían más capacitados para garantizar conjuntamente la seguridad del suministro de energía en la UE.

5.4   Implicar a los ciudadanos en la transición energética

5.4.1   La aceptación pública de las decisiones energéticas (nuclear, almacenamiento de CAC, parques eólicos, líneas eléctricas de alto voltaje, etc.) constituye hoy un reto para las democracias europeas. El CESE, así como los CES nacionales, las organizaciones de consumidores y otras ONG, están llamados a desempeñar un papel fundamental a la hora de promover una información clara y transparente sobre estas políticas e implicar en mayor medida a los ciudadanos. La Hoja de Ruta es una oportunidad para desarrollar la democracia participativa en relación con una cuestión que afecta a todos los ciudadanos.

5.4.2   El CESE preconiza la puesta en marcha de una amplia campaña de información y sensibilización para informar a los ciudadanos europeos sobre las diversas opciones de transición energética, el papel fundamental de las infraestructuras y los nuevos hábitos de consumo que se esperan de ellos.

5.4.3   El CESE considera que la creación de un foro europeo de la sociedad civil aumentaría el flujo de información en el seno de la UE, al reunir periódicamente a todas las partes interesadas locales, regionales, nacionales y europeas para analizar conjuntamente las cuestiones principales de la transición energética hasta 2050.

5.4.4   La creación de una Comunidad Europea de la Energía centraría, asimismo, la atención en la dimensión vital y estratégica de la energía (accesibilidad, tarifas y precios asequibles, regularidad, fiabilidad, etc.) y en los cambios que deberán llevarse a cabo durante los próximos 40 años. Encarnaría a la idea de una Europa que escucha a las personas y que aborda las cuestiones que les afectan de forma directa. Este proyecto implicaría una mayor armonización social, necesaria para reforzar y volver a dar sentido al proyecto europeo.

5.4.5   El CESE recomienda apoyar con mayor firmeza las iniciativas locales y regionales que se encuentran en primera línea cuando se trata de cuestiones de movilidad inteligente, infraestructuras y transportes, proyectos de renovación y de nueva construcción, redes de calefacción y refrigeración y planificación urbana. El CESE considera que deberían alentarse estas iniciativas, ya que a menudo promueven políticas energéticas innovadoras, descentralizadas y democráticas.

Bruselas, 23 de mayo de 2012.

El Presidente del Comité Económico y Social Europeo

Staffan NILSSON


(1)  Orientaciones sobre la infraestructura energética transeuropea DO C 143 de 22.5.2012, p. 125.


ANEXO

al dictamen del Comité Económico y Social Europeo

Las siguientes partes del dictamen de la Sección fueron rechazadas en el curso del debate y se sustituyeron por enmiendas o enmiendas de transacción aprobadas por el Pleno, pero obtuvieron al menos una cuarta parte de los votos emitidos:

«1.1

El Comité Económico y Social Europeo (CESE) acoge favorablemente la Hoja de Ruta de la Energía para 2050 y su objetivo de proporcionar un marco para la política concertada de una descarbonización sustancial del sector energético en Europa de aquí a 2050 (Consejo Europeo de octubre de 2009). El reto no consiste únicamente en conseguir una combinación energética con baja emisión de carbono que sea segura y sostenible en un mercado competitivo, sino también en convencer a la sociedad civil de que se trata de un objetivo factible.»

Resultado de la votación de la enmienda: 88 votos a favor, 41 en contra y 13 abstenciones.

«4.5

El Comité comparte, asimismo, el análisis que hace la Hoja de Ruta de los retos y oportunidades principales que deben abordarse a escala europea para transformar el sistema energético, redefinir los mercados energéticos, movilizar a los inversores, involucrar a los ciudadanos e impulsar el cambio a nivel internacional. Sin perjuicio de las observaciones más detalladas que se formulan a continuación, el Comité suscribe las prioridades propuestas y, en particular, la última sección, que identifica diez condiciones o cuestiones clave que deben abordarse urgentemente para poder realizar avances.»

Resultado de la votación de la enmienda: 75 votos a favor, 51 en contra y 24 abstenciones.

«5.1.3

En este sentido, deberían fomentarse las energías renovables junto con cualquier tecnología que pueda contribuir a la consecución del objetivo de la descarbonización a un menor coste. Es posible que la biomasa también tenga un papel que desempeñar, si bien será importante velar por que los métodos elegidos contribuyan a reducir las emisiones de carbono sobre la base de un análisis de ciclo de vida completo y no contribuyan a la inseguridad alimentaria. La energía nuclear podría ayudar a lograr esta transformación del sistema energético y a reducir las emisiones de CO2 en aquellos países que se inclinen por la opción nuclear, permitiendo reducir los costes del sistema eléctrico y los precios de la electricidad, aunque quedan cuestiones por resolver con respecto a la externalización o socialización de algunos costes, por ejemplo los relativos a cuestiones de seguridad operacional, almacenamiento de residuos, desmantelamiento y responsabilidad.»

Resultado de la votación de la enmienda: 89 votos a favor, 53 en contra y 8 abstenciones.


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