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Document 52006IE0406

Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre La dimensión social de la cultura

OJ C 110, 9.5.2006, p. 34–38 (ES, CS, DA, DE, ET, EL, EN, FR, IT, LV, LT, HU, NL, PL, PT, SK, SL, FI, SV)

9.5.2006   

ES

Diario Oficial de la Unión Europea

C 110/34


Dictamen del Comité Económico y Social Europeo sobre «La dimensión social de la cultura»

(2006/C 110/07)

El 16 de septiembre de 2004, el Comité Económico y Social Europeo, de conformidad con el artículo 29 de las Normas de Desarrollo de su Reglamento Interno, decidió elaborar un Dictamen adicional sobre: «La dimensión social de la cultura».

La Sección Especializada de Empleo, Asuntos Sociales y Ciudadanía, encargada de preparar los trabajos del Comité en este asunto, elaboró su dictamen el 22 de febrero de 2006 (ponente: Sr. LE SCORNET).

En su 425o Pleno de los días 15 y 16 de marzo de 2006 (sesión del 15 de marzo de 2006), el Comité Económico y Social Europeo ha aprobado por 137 votos a favor, 3 en contra y 6 abstenciones el presente Dictamen.

1.   Resumen

1.1

El presente Dictamen adicional tiene por objetivo proponer posibles continuaciones e instrumentos operativos correspondientes al Dictamen sobre «La dimensión social de la cultura», aprobado por el CESE el 31 de marzo de 2004.

1.2

En él se intenta precisar el concepto de «dimensión social de la cultura» a través de tres términos clave, términos familiares para nuestro Comité y sobre los que se profundiza continuamente en el análisis. Son: «sociedad del conocimiento», «globalización de la economía» y «sociedad civil».

1.3

No se mantienen a priori las hipótesis formuladas en el primer dictamen en relación con el establecimiento de nuevas estructuras de tipo «observatorio», «laboratorio» y «grupo de trabajo».

1.4

El CESE, no obstante, pide a la Comisión que especifique los indicadores cuantitativos y cualitativos que le permiten afirmar que las herramientas comunitarias actuales resultan suficientes para medir:

la evolución del empleo cultural y artístico en la Unión, sus efectos cualitativos y cuantitativos en el empleo en general, el crecimiento, la cohesión social y el reconocimiento y la participación de todos y, en particular, de los grupos de población y categorías aparentemente más desfavorecidos;

el grado de desarrollo del diálogo intercultural, no sólo desde un punto de vista mecánico del número de intercambios e iniciativas de todo tipo, sino también desde un punto de vista más substancial, dada la gran preocupación del Comité por el aumento de fenómenos de exclusión, de racismo (incluso en países, como Francia o los Países Bajos, en los que las políticas de integración o de multiculturalismo parecían responder a modelos estables), de disociación entre intereses particulares e interés general, de fragmentación y no de convergencia.

1.5

El Dictamen propone, especialmente con motivo del Año del diálogo intercultural, en 2008, que la Comisión presente un informe muy detallado sobre tal fenómeno y tal objetivo. El CESE está dispuesto a contribuir muy activamente a la elaboración de dicho informe.

1.6

El CESE, por ejemplo, propone lanzar una nueva reflexión cultural sobre la cultura, ya que ésta parece estar basada casi exclusivamente en conceptos de patrimonio, de conservación de la herencia, y en menor medida en conceptos de creación, proceso, nuevas ideas, y porque todavía concede poca importancia a los fermentos culturales propios de los ámbitos social, económico y medioambiental.

1.7

El CESE desea que los trabajos de la Fundación de Dublín se valoricen en estos ámbitos. Sugiere que, cada vez que el CESE aborde temas en los que se plantee la necesidad de una «revolución cultural», un «cambio de mentalidad» o una «modificación de esquemas heredados», se someta estas nociones a un análisis concreto y que, por lo tanto, se les dedique como mínimo un párrafo específico.

1.8

El CESE subraya que el método de «buenas o mejores prácticas» podría ser, si abandonase su aspecto con frecuencia meramente retórico, una de las herramientas más importantes para el diálogo, el intercambio y la transferencia de conocimientos y culturas.

2.   Introducción

El 31 de marzo de 2004 se aprobó el Dictamen sobre «La dimensión social de la cultura», elaborado a raíz de la solicitud del Parlamento Europeo.

2.1

En dicho dictamen se formulaban varías hipótesis:

2.2

afirmar la vocación cultural del CESE, a pesar de que hasta el momento no se hayan concedido a nuestra institución competencias formales en este ámbito;

2.2.1

contribuir al establecimiento progresivo de un observatorio europeo de la cooperación cultural que, junto con el Parlamento Europeo, elabore un informe anual propio;

2.2.2

colaborar estrechamente con el Parlamento Europeo para, además de crear el observatorio mencionado, «fijarse un objetivo anual de promoción con al menos un valor cultural realmente compartido»;

2.2.3

crear un laboratorio de transformaciones culturales en los ámbitos social, económico y medioambiental;

2.2.4

crear un grupo de trabajo europeo capaz de favorecer el intercambio cultural y artístico en las zonas de conflicto.

2.3

El presente dictamen adicional se justifica por la rapidez con la que el dictamen tuvo que elaborarse. El Parlamento Europeo, en período final de mandato, nos había pedido que iniciáramos un proceso de asociación CESE-PE. El Comité ha acometido con gran entusiasmo la continuación de dicho trabajo: en efecto, en las instituciones de la Unión Europea parecía surgir una «doble aceleración» de la propia concepción del tratamiento de la «dimensión cultural».

2.3.1

Las primeras declaraciones del Presidente de la Comisión, J.M. Barroso, en las que afirmaba que había llegado el momento de la cultura y que, en la jerarquía de valores, los valores culturales estaban por encima de los económicos (1), resultaron muy alentadoras y supusieron un giro radical. Para nosotros representó la primera aceleración.

2.3.2

La segunda aceleración llegó de manos del propio CESE, concretamente a raíz de la aprobación unánime del programa presentado por su Presidenta, Anne-Marie Sigmund, que incluía el tema de la cultura entre las prioridades centrales de su mandato.

2.3.3

Cabe destacar el frágil carácter de estas premisas. Efectivamente, el programa presentado por la nueva Comisión no refleja realmente ese giro. Ni siquiera hace referencia explícita a la nueva jerarquización en favor de la cultura. El programa cultura 2007-2013 presentado por la Comisión no se sometió, por definición, al dictamen del CESE. Por lo tanto, no nos corresponde comentarlo en el presente dictamen. Sólo mencionar que no se toma automáticamente en cuenta la dimensión social de la cultura y que su presupuesto está muy por debajo de lo que el Parlamento Europeo deseaba destinar a dicho programa. Pero incluso en lo que se refiere a la priorización de la cultura en el programa del CESE, sería exagerado afirmar que ya se ha llevado a la práctica de forma significativa.

2.3.4

Además, el periodo de reflexión establecido por el Consejo tras el rechazo de Francia y los Países Bajos al Proyecto de Tratado por el que se establece una Constitución para Europa (tratado que incluía la cultura dentro de los objetivos de la Unión (art. I-3.3) y por el que se modificaban los mecanismos de decisión en materia de cultura y permitía, en gran parte, prescindir de la norma paralizadora de la unanimidad (art. I-17 y III-280)) y la modicidad del acuerdo alcanzado sobre las perspectivas financieras de la Unión dejan en una amplia indefinición el lugar de la cultura y, más aún, la «dimensión social de la cultura»: se confían a una regeneración de la Unión.

3.   Seguir aclarando el concepto de «dimensión social de la cultura» y definir las líneas maestras que puedan inscribirse en todas las políticas comunitarias

3.1

En el Dictamen sobre «la dimensión social de la cultura», aprobado por el Comité, se propusieron, en un principio, tres puntos de reflexión:

la investigación de una nueva «cultura» de las interacciones entre las prácticas económicas, sociales y medioambientales;

los efectos de las transformaciones del mundo laboral en la estructura social y los valores culturales; y

una nueva cultura de la democracia.

3.2

El presente dictamen adicional pretende contribuir a la definición de líneas maestras, es decir, los «términos clave» que permitan transponer estas primeras reflexiones de la forma más simple posible en las políticas comunitarias actuales.

3.3   Primer término clave: «sociedad del conocimiento»

3.3.1

Como se especifica en el Dictamen del CESE sobre «La dimensión social de la cultura», la tendencia universal a una mentalización, una intelectualización de todos los universos de trabajo, incluido el «trabajo» de consumo, la función acentuada en su seno de los criterios de relación, estilísticos y creativos se encuentran –y se encontrarán cada vez más– en el centro de los distintos grados de competitividad, atractivo, civilización y espíritu empresarial entre las diferentes zonas geoculturales del planeta. Europa debe y puede tener como referencia la «economía creativa».

3.3.2

De ahí que la cuestión del trabajo, del empleo cultural y artístico y de una economía de la cultura constituya uno de los puntos en que se insiste en el dictamen del CESE y en que éste último desea que se valoricen los trabajos de la Fundación de Dublín. Convendría analizar el modo en que las formas adoptadas por el empleo en el mundo cultural y artístico evidencian una evaluación más creativa del trabajo en su conjunto y son partícipes de la sociedad del conocimiento.

3.3.3

El Comité no se resigna a que los ámbitos de la «alta cultura» y de la dimensión cultural de la técnica, la economía, la sociedad, la sanidad y el medio ambiente estén todavía demasiado separados. El CESE, especialmente en el marco de su trabajo permanente en favor de una materialización del aprendizaje a lo largo de la vida y de la configuración de una sociedad en constante aprendizaje, participa deliberadamente en esta no-disociación.

3.3.4

La enorme necesidad de prácticas y de empleos flexibles y, al mismo tiempo, seguros en los campos de la transmisión, la mediación, el arte, la representación en todas sus formas, y en el del conocimiento del conocimiento, se enfrenta a modelos de empleo que paradójicamente pueden conjugar la rigidez y la precariedad.

3.3.5

La rigidez de las jerarquizaciones heredadas en materia de reconocimientos profesionales puede obstaculizar también la emergencia de nuevos oficios. En términos más generales, es preciso señalar la ausencia de una verdadera integración de lo inmaterial en la economía, la circulación demasiado escasa de artistas y de profesionales de la cultura, de sus representaciones y de sus obras en el espacio europeo. También cabe señalar el déficit de evaluación comparativa y de intercambio de las innovaciones culturales que permitirían no reexperimentar continuamente en aquello que ya se conoce.

3.3.6

El éxito de los programas ERASMUS y «Televisión sin fronteras», la contribución europea a la rehabilitación de zonas de vida devastadas, la redinamización de grandes centros urbanos gracias al desarrollo de prácticas artísticas, la mayor capacidad de atracción de que se benefician de forma prolongada las capitales culturales de Europa sirven ya como principio de demostración de lo que se debe entender por «dimensión social de la cultura». El hecho de que la Unión Europea –cuyas competencias, sin embargo, no tienen más finalidad que la de acompañar las políticas nacionales– constituya con frecuencia un agente decisivo para numerosas prácticas y acontecimientos culturales demuestra que se trata de una política de «palanca». La alimentación continua de un «banco» de conocimientos sobre los conocimientos podría tener efectos multiplicadores considerables.

3.3.7

Por el contrario, cuando los festivales y actos culturales interrumpen, aunque sólo sea momentáneamente, su actividad, las consiguientes pérdidas en términos de ingresos y desarrollo de vínculos generadas en todo el tejido socioeconómico evidencian el efecto «holístico» que en el desarrollo sostenible producen los empleos y prácticas artísticas, culturales y de mediación, su libre circulación e influencia cruzada.

3.4   Segundo término: la «globalización de la economía»

3.4.1

A juicio del CESE, los mediocres resultados de la Estrategia de Lisboa, en comparación con sus ambiciosos objetivos, se deben esencialmente a una subestimación del factor humano, cultural y de participación. En una «economía globalizada», sólo mediante la promoción de una cultura europea que no separe más, que no jerarquice más los factores económicos, sociales y medioambientales, Europa podrá parar, o incluso invertir, las perjudiciales diferencias de desarrollo con respecto a la mayoría de las demás zonas del mundo.

3.4.2

En muchos países de Europa, y también de otras partes del mundo, la importancia económica de la industria de la cultura y de la creación es ya indiscutible, como lo confirman los numerosos informes, estudios y evaluaciones cuantitativos. Durante los últimos años se han creado numerosas empresas y, por consiguiente, empleos en estos ámbitos. No cabe ignorar al respecto que existe una tendencia a la creación de pequeñas empresas, microempresas y empresas unipersonales, y que sus repercusiones sociales son complejas.

Por ejemplo: la necesidad de construir redes, ya que, dado el reducido tamaño de las empresas, con frecuencia las tareas han de repartirse. Esto requiere que las partes interesadas tengan competencias en técnicas de comunicación, negociación y presentación, y conocimientos en lo que se refiere al derecho contractual y al régimen de concesión de licencias, etc.

Tales competencias, indispensables para toda empresa moderna, plantean a menudo a las pequeñas empresas grandes retos: dichos conocimientos en ocasiones son inexistentes o sólo parciales y las soluciones profesionales suelen ser demasiado costosas para la capacidad financiera de la empresa, aunque existan PYME que hayan obtenido excelentes resultados en tales ámbitos.

Por su parte, la política social debe hallar respuesta para las cuestiones de la protección social (por ejemplo, el seguro de enfermedad, la pensión de jubilación y el subsidio de desempleo) resultantes de la nueva estructura empresarial, de los nuevos tipos de empleo, etc.

3.4.3

Existe otra dimensión social derivada del hecho de que las empresas que trabajan en los «nuevos» sectores económicos –como la industria de la creación– con frecuencia se encuentran aisladas, porque trabajan en ámbitos en los que aún no se dispone –o se dispone en poca medida– de valores de referencia, modelos de contrato, indicadores sectoriales, etc. Este aspecto también es importante para el futuro desarrollo de la industria de la creación y debería tenerse adecuadamente en cuenta, tanto más cuanto que, a la luz de la extensión de la globalización y de la necesidad de imponerse en la competencia internacional, estas informaciones básicas son precisamente decisivas para el progreso económico.

3.4.4

La Unión Europea está tanto mejor situada para comprender la forma en la que la globalización económica influye e influirá en la creación de nuevos valores culturales mundiales cuanto que ella misma debe redefinir sus objetivos. Y esto en un momento en que no es, ni podrá ser más, un club, una federación reducida de Estados «avanzados» y relativamente homogéneos económica, cultural e intelectualmente. En un momento en el que la UE está totalmente abierta a los mundos protestante, ortodoxo e islámico, en un momento en que inicia negociaciones para la adhesión de Turquía, ampliación que, si llega a buen término, no será comparable a ninguna otra. En un momento en que está organizando metódicamente las relaciones con sus vecinos más inmediatos y en el que ha de revisar su situación, su función particular en una globalización, en una mundialización cuyas reglas de juego han cambiado también muy rápidamente (2).

3.4.5

Una «Europa cultura» –originada en Estados nación que, en la historia, han sido campeones de beligerancia, colonialismos e imperialismos– es hoy en día la fórmula quizá más adecuada para una Europa como potencia mundial por su capacidad de exportar, difundir y «profesionalizar» una «cultura de la paz», de la civilización y de la calidad. Se trata de una vuelta a la idea misma que rigió la construcción de la Unión. A la voluntad de contribuir a mundializar los valores y las técnicas de paz, de relación e intercambio, antes que los de dominación y jerarquía.

3.5   Tercer término clave: la «sociedad civil»

3.5.1

El hecho de que el CESE, cuyas competencias formales no abarcan explícitamente el ámbito de la cultura, adopte, tras la presentación de su Presidenta, un programa de acción global que dé prioridad a la cultura  (3), tiene, en el caso presente, valor de manifiesto.

3.5.2

Se trata incluso de una especie de afirmación contra toda hegemonía de pensamiento, basada únicamente en la economía, productivista o incluso únicamente social y medioambiental. Esta afirmación es aún más valiosa por cuanto se origina a partir de los agentes económicos y sociales de la Unión, de la sociedad civil organizada, en todos sus aspectos de producción, consumo y redistribución.

3.5.3

Esta cultura europea en desarrollo, que se está reunificando con las históricas ampliaciones en curso, es el fruto de una historia, de un nivel y de un modo de desarrollo singulares, distintos de cualquier otro (4). Resulta necesario tenerlo bien presente, especialmente porque puede contrarrestar aquello que no puede ocultarse o subestimarse, «una profunda falta de interés y de curiosidad, e incluso una verdadera indiferencia, de las opiniones públicas nacionales hacia los demás países de la Unión» (5). Una falta que, es cierto, se puede modificar sensiblemente con políticas incitativas (programas «cultura» de la Unión Europea), pero sólo una visión «holística» de la cultura y el pleno reconocimiento de la dimensión social de la cultura podrían trascenderla plenamente.

3.5.4

La multiplicidad de posturas que surgen para inventar una verdadera democracia social y cultural debería examinarse a través de los movimientos sociales, las redes culturales y los interlocutores sociales, y no únicamente entre instituciones. La aplicación de una ética y de una tecnología de la cooperación entre todos los interlocutores constituye sin duda uno de los principales desafíos a los que hay que responder para actuar de forma constructiva en favor de la adquisición de un conjunto de valores culturales a escala internacional basado en la no-violencia.

3.5.5

Nuestras sociedades ya no pueden prescindir del reconocimiento y de la participación de todos sus protagonistas, de todos sus entornos. Como lo ha demostrado el Año Europeo de las Personas Discapacitadas y los dictámenes e iniciativas del CESE sobre el asunto –así como sobre otros temas relacionados con la discriminación y la extrema pobreza–, nuestras sociedades serán juzgadas por el lugar y el papel que asignen a los más desfavorecidos y marginados. Y ello no sólo para colocarles en el lugar que corresponda a cada cual, sino para que la contribución cultural de su lucha contra la miseria infunda humanidad y permita que se renueve el humanismo moderno. Frente a los paradigmas tan clásicos de la petición jerarquizada y de la «dependencia asistida» (véanse las distintas formas de Estado-Providencia), ¿no conviene utilizar en la actualidad el paradigma de la participación activa personal, de un «empowerment» de todos los agentes económicos, sociales, familiares y culturales? En otras palabras, aunque no tenga una vocación directa de poder, la «sociedad civil» ya no puede actuar como agente subordinado, o como simple contrapoder, en el nuevo pensamiento democrático que requiere y posibilita la existencia de una economía globalizada. Al objeto de darse un futuro con perspectivas y protegerse de las arbitrariedades, debe fomentar sus valores de solidaridad y preservar la capacidad y las garantías del «pensamiento colectivo».

4.   Hacia algunas propuestas y una continuación de la exploración del concepto de la dimensión social de la cultura

4.1

El CESE toma nota de que, al menos por el momento, sus socios institucionales (la Comisión y el Parlamento Europeo) y, en parte, él mismo consideran que la creación de nuevas estructuras de tipo «observatorio», «laboratorio» y «grupo de trabajo» resulta inútil, prematura o irrealista.

4.2

A juicio de la Comisión Europea, y aparentemente del Parlamento Europeo, la organización en redes de las estructuras, en particular de los diversos observatorios ya existentes, puede permitir la obtención de resultados probatorios en materia de cooperación cultural europea sin necesidad de inventar nuevos instrumentos.

4.3

El CESE, no obstante, pide a la Comisión que elabore indicadores cuantitativos y cualitativos –y explicite los existentes– que permitan justificar, guiar y evaluar los objetivos de progresión del diálogo intercultural, de movilidad de artistas y obras, así como de transferencia de conocimientos y conceptos entre diferentes ámbitos hasta el momento extraordinariamente compartimentados.

4.4

Para el CESE, no sólo se trata de verificar a posteriori la progresión cuantitativa de estos objetivos. La multiplicación de contactos y manifestaciones interculturales en una Europa ampliada, en un mercado único más desarrollado, especialmente en lo que se refiere a los servicios, no puede hacer más que aumentar.

Se trata de saber si un crecimiento cuantificable del consumo cultural y de los intercambios turísticos implica automáticamente un aumento de conocimientos, de atención al prójimo, de cultura. La multiplicación de los fenómenos de exclusión, de racismo (incluso allí donde las políticas de integración o multiculturalismo de larga duración parecían haber creado modelos estables, como, por ejemplo, en Francia o en los Países Bajos), de disociación entre intereses particulares e interés general, de fragmentación y no de convergencia no solamente merece medirse en términos cuantitativos y cualitativos, sino también comprenderse.

4.5

Además, en la mente de todos está presente que numerosas políticas culturales nacionales, incluso muy voluntaristas, incluso practicadas de forma más o menos constante durante decenios por países de la Unión, apenas han modificado las estratificaciones sociales heredadas.

4.6

Por esta razón, el CESE insiste tanto en que la Unión Europea debe ser un espacio de autorreflexión, de interrogación de unos a otros de las políticas culturales de cada uno de los Estados miembros: un espacio propicio para una nueva reflexión cultural sobre la cultura. La preparación del Año del diálogo intercultural (2008) debería brindar a la Comisión Europea la ocasión de presentar un informe muy detallado sobre la magnitud real de este diálogo, los obstáculos persistentes o nuevos que afronta y las nuevas hipótesis que podrían formularse con vistas a su verdadera profundización. El CESE está dispuesto a contribuir, especialmente mediante el tratamiento del tema «dimensión social de la cultura», y también mediante el de la «dimensión cultural de lo social», en particular desde el punto de vista de las «relaciones intergeneracionales», a la elaboración de tal informe.

4.7

El presente dictamen adicional propone además:

4.7.1

una «higiene cultural» permanente de nuestro Comité: cada vez que en un dictamen se aborden temas en que el aspecto cultural resulte determinante, un apartado del dictamen debería consagrarse explícitamente a dicho aspecto. El Comité no debe limitarse a proclamar, en sentido abstracto, la necesidad de «revoluciones culturales», «cambios de mentalidad» y modificaciones de esquemas heredados que han quedado obsoletos. Las condiciones que haya que reunir para obtener tales transformaciones culturales deben abordarse de la forma más concreta posible;

4.7.2

una mayor atención al método abierto de coordinación y al uso de «buenas prácticas».

¿No convendría «endurecer» esos conceptos y procedimientos para que puedan adquirir una capacidad operativa mucho más concreta? Esto serviría para que la localización y transferencia de conocimientos y de modificaciones culturales que conduzcan a reformas más eficaces, con mayor poder de ahorro y más convergentes puedan explicarse claramente, adquirirse y, por tanto, reaplicarse;

4.7.3

la voluntad por parte del CESE –que constituye un foro ideal donde convergen las culturas nacionales, profesionales y sociales– de emprender la búsqueda, en sectores precisos, de lo que puede intercambiarse entre un ámbito de actividad y otro. Por ejemplo, entre los sectores sanitario y educativo, en los cuales la proximidad de las transformaciones culturales (en curso y las que convendría realizar) necesarias para llegar a regular de nuevo esos sistemas complejos merecería más confrontación, más intercambios, e igualmente compartir en mayor medida. Asimismo: la gran homología encaminada a superar, mediante la promoción del trabajo multidisciplinario en equipo, el carácter aislado de las prácticas profesionales, y otras muchas homologías. De este modo se contribuiría a que remitan tanto la compartimentación como la obcecación, a que los avances proyectados en un determinado ámbito puedan beneficiar a otros más rápida y extensamente de lo habitual, y, por último, a que una cultura sistemática que no siga disociando los aspectos económico, social y medioambiental pueda afirmarse, puesto que la unidad cultural de Europa reside en su diversidad y en el progreso de las condiciones de vida y de sus pueblos.

Bruselas, 15 de marzo de 2006.

La Presidenta

del Comité Económico y Social Europeo

Anne-Marie SIGMUND


(1)  Discurso en la Conferencia «Europa y Cultura», Berlín, 26.11.2004.

(2)  No sólo se ha registrado un fuerte ascenso de los Estados-continente, como China, India, Rusia, Brasil, etc. (ascenso vaticinado, aunque su velocidad superase nuestra imaginación), sino que éste ha sido diferente de lo que esperábamos (transformación de una división del trabajo clásica a escala internacional según la cual la Europa «avanzada» situaría sus fábricas en el exterior) y también se ha registrado un ascenso igualmente perturbador de los «riesgos» ecológicos y de la confrontación de valores colectivos.

(3)  Programa aprobado por el CESE en su Pleno de los días 15 y 16 de diciembre de 2004.

(4)  La encuesta de la Fundación de Dublín para la mejora de las condiciones de vida en Europa precisa que un 80 % de la población de Europa (desde la UE-15 hasta ahora) goza de un bienestar satisfactorio, lo que contribuye a validar la hipótesis de que en Europa existe efectivamente una forma de pensar propia, coherente y cualitativa, y un «modo de vida» específico.

(5)  Estudio relativo a la movilidad y a la libre circulación de personas y bienes en el sector cultural. Olivier AUDIARD, abril de 2002, Universidad de Paris X.


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