1. Los actos legislativos comunitarios se formularán de manera clara, sencilla y precisa
La redacción de un acto legislativo debe ser:
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clara, de fácil comprensión, desprovista de equívocos;
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sencilla, concisa, desprovista de elementos superfluos;
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precisa, no dejará lugar a dudas en el lector.
Este principio de sentido común es también la expresión de principios generales del Derecho, como:
- la igualdad de los ciudadanos ante la ley, en el sentido de que la ley debe ser accesible a todos y comprensible por todos,
- la seguridad jurídica, la ley debe ser previsible en su aplicación.
Reviste una importancia particular para los actos legislativos comunitarios. Éstos deben incorporarse a un sistema que es, no sólo complejo, sino además multicultural y multilingüe (véase la directriz 5).
El objetivo que se persigue al aplicar este principio es doble: por un lado, conseguir que la legislación comunitaria sea más comprensible; por otro, evitar contenciosos debidos a una mala calidad de la redacción.
Las disposiciones que carecen de claridad pueden ser objeto de una interpretación restrictiva por el juez comunitario. El resultado será, en este caso, el contrario del que se espera obtener mediante la introducción en el texto de una «ambigüedad voluntaria» que se supone resolverá los problemas surgidos en la negociación de la norma (véase la sentencia en el asunto C-6/98).
Está claro que puede haber una contradicción entre las exigencias de sencillez y de precisión. A menudo la simplificación se realiza en detrimento de la precisión y viceversa. Se trata, en la práctica, de encontrar un punto de equilibrio para que la norma sea lo más precisa posible sin que por ello su nivel de comprensión resulte insuficiente. Este punto de equilibrio puede variar en función de los destinatarios de la norma (véase la directriz 3).
El redactor debe intentar reducir la intención normativa a conceptos sencillos, para poder luego expresarla con sencillez. En la medida de lo posible utilizará términos del lenguaje común. Si es preciso, optará por la claridad del enunciado más que por la belleza del estilo. Por ejemplo, evitará la utilización de sinónimos y giros diferentes para expresar una misma idea.
Una redacción gramaticalmente correcta y que respete las normas de puntuación facilita la buena comprensión del texto en la lengua de redacción así como la traducción hacia las otras lenguas (véase la directriz 5).
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